¿En manos de quién está la salud de los mexiquenses?

El sistema de Salud del Estado de México está en crisis, es la realidad de lo que hoy tenemos en materia de salud pública los mexiquenses.
¿En manos de quién está la salud de los mexiquenses?
El sistema de Salud del Estado de México está en crisis, es la realidad de lo que hoy tenemos en materia de salud pública los mexiquenses.

Agencia MVT / Opinión / José Contreras Contreras

Mayo 3, 2022.- Para nadie es un secreto que el sistema de Salud del Estado de México está en crisis, y tampoco es una noticia nueva, en realidad lo que hoy tenemos en materia de salud pública para más de 17 millones de mujeres y hombres de esta entidad es resultado de una larga cadena de corrupción, desidia, inoperancia y complicidad, pues la situación actual en muy buena medida es resultado de la herencia que dejó la gestión del exgobernador Eruviel Ávila Villegas y que se ha cansado de intentar ocultar el actual gobierno de Alfredo del Mazo Maza.

Los hospitales públicos del Estado de México, coordinados por el extraño organismo que se hace llamar Instituto de Salud del Estado de México (ISEM), viven una situación dramática de abandono que todos los días le cuesta la vida a cientos de mujeres y hombres de esta entidad.

¿Por qué extraño organismo el Instituto de Salud del Estado de México? Pues porque es un ente administrativamente irregular en el que convergen recursos públicos federales y estatales para, supuestamente, atender las necesidades financieras de los hospitales, clínicas y consultorios en los que los mexiquenses deberían recibir atención médica de calidad, sin costo.

Como la administración y ministración de recursos para la salud es responsabilidad compartida de la Federación, a través del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) y del gobierno mexiquense a través de la Secretaría de Salud, pues a la hora de atender las necesidades se la pasan “echándose la bolita” entre una instancia y otra.

El gobierno federal, en reiteradas ocasiones, ha precisado que su única responsabilidad es dotar al Estado de México de presupuesto federal “etiquetado” para que se aplique al cien por ciento en materia de salud; sin embargo, extrañamente ese presupuesto –dicen en el Estado de México— o llega tarde siempre o, en el peor de los casos, definitivamente no llega.

Eso se traduce, por ejemplo, en el pago desordenado de las nóminas del personal médico y de enfermería, de pésima o nula compra de medicamentos e insumos médicos para la atención de pacientes y ya ni hablar de la posibilidad de inversión en el rescate y mejora de la infraestructura hospitalaria que se está textualmente cayendo a pedazos en muchas plazas.

Cómo no recordar también que actualmente por lo menos existen ocho hospitales de grandes dimensiones que en tiempos del ahora senador Eruviel Ávila Villegas fueron “construidos”, “equipados” e incluso “inaugurados”, pero que, a la fecha, simplemente no funcionan, y no funcionan porque precisamente eso de construidos y equipados fue una simple maniobra financiera para desviar los recursos que supuestamente se utilizarían con ese fin.

Ese dinero, dicen los que saben, se utilizó para financiar campañas políticas en otras entidades del país, incluso a nivel federal y hasta para la propia de quien actualmente administra el Poder Ejecutivo de esta entidad, y pido disculpas por no poder emplear el término “gobierna”, pues en términos reales éste no es aplicable para lo que hace hoy Alfredo del Mazo Maza en el Estado de México.

El caso es que ese dinero que debió utilizarse para dejar funcionando al cien por ciento esos hospitales nunca se aplicó como se debía y por lo tanto las empresas responsables tanto de la construcción como del equipamiento, al verse no pagadas, pues abandonaron las obras y unos quedaron en obra negra y otros más un poco más avanzados pero tampoco en condiciones operativas porque se llevaron las camas, equipos médicos y todo lo que en su momento se utilizó para hacer la pantomima y tomarse la foto de la “inauguración”.

Pero ese mal no es exclusivo del gobierno de Eruviel Ávila Villegas, pues es un mal que desafortunadamente fue heredado directamente a la actual administración. Solo para sustentar lo dicho, hay que comentar que en Texcoco, la mera tierra de la “4T”, hace más de dos años se inauguró un Hospital Ginecológico, construido y equipado por el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), en cuya inauguración estuvo presente el todavía Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y el actual mandatario mexiquense, Alfredo del Mazo Maza.

Después de dos años, en ese hospital todavía no se atiende un solo parto, y eso que, según dijeron el día de la inauguración, sería el que “solucionaría” la falta de atención obstétrica que lamentablemente enfrenta desde hace muchos años la zona oriente del Estado de México.

En ese acto inaugural el gobernador Alfredo del Mazo Maza anunció públicamente que su administración construiría un “albergue” para que los familiares de las pacientes que ahí se atendieran no tuvieran que dormir en las banquetas y que tuvieran un lugar digno para consumir alimentos y bebidas. A la fecha no existe albergue alguno, ni siquiera una méndiga carpa o lona donde los familiares de los pacientes puedan atajarse de los rayos del sol. Lo único que hay en torno al hospital es un auténtico tianguis de puestos de comida, cuya calidad e higiene están en entredicho, para que los que ahí concurren puedan sobrevivir al hombre.

Esa es la realidad de nuestro sistema hospitalario, producto de las medias verdades o mentiras completas, corrupción y contubernio entre las actuales autoridades y las que ya se fueron y ahora se dan el lujo de ocupar una curul en el Senado de la República.

No sé cuantas veces el ex secretario de Salud del Estado de México, Gabriel O´shea Cuevas dijo públicamente que existía una investigación para aclarar responsabilidades sobre ese presunto desvío de recursos que es tan evidente porque cualquiera puede ir y visitar los hospitales abandonados que hoy son refugio de malvivientes y hasta de pandillas que tienen amenazados a los vecinos de la zona, lugares lúgubres todos grafitados y que a metros huelen a todo, menos a lo que debería oler cualquier hospital en operación.

El no haber aclarado esos presuntos desvíos de recursos públicos se llama contubernio, es un flagrante encubrimiento que afecta la salud de miles de mexiquenses y que incluso pone en riesgo muchas vidas.

Así, hoy los hospitales del ISEM se caen a pedazos sin que nadie sea capaz de mover un dedo para investigar a los responsables de ese saqueo, y de su pésima operación hay inocentes que tienen que padecerlos, como lo fue una menor de 14 años de edad que el pasado sábado fue violada en el área de Pediatría del hospital general “Nicolás San Juan” de Toluca, porque ese nosocomio evidentemente cuenta con un sistema más que frágil de seguridad que garantice la integridad física y patrimonial de los internos y de sus familiares.

Se trata de un dramático ejemplo de lo que la pésima administración del Instituto de Salud del Estado de México ofrece a los mexiquenses, pues ya no solo no son capaces de brindar atención médica eficiente y de calidad, y mucho menos medicamentos e insumos, sino que ahora ya no son capaces ni siquiera de garantizar la integridad de quienes ahí se atienden.

Si tuvieran tantita vergüenza por lo menos emprenderían una investigación seria y de fondo sobre los hechos ocurridos al filo de las 23:30 horas del pasado sábado 30 de Abril, Día del Niño, pues su evidente incapacidad e inoperancia ya costó un ataque sexual a una menor. Si no pueden, renuncien.

Martes 17 de Mayo del 2022 6:02 am