Entre guerras intestinas y definiciones priistas

Las últimas semanas se ha registrado una ola de “autodestapes” de priistas que abiertamente han salido a la luz pública a expresar sus intenciones.
Entre guerras intestinas y definiciones priistas
Las últimas semanas se ha registrado una ola de “autodestapes” de priistas que abiertamente han salido a la luz pública a expresar sus intenciones.

Agencia MVT / Opinión / José Contreras Contreras

Mayo 12, 2022.- En las últimas semanas se ha registrado una ola de “autodestapes” de priistas que abiertamente han salido a la luz pública a expresar sus intenciones de contender –bajo cualquier método que el PRI establezca—en busca de la candidatura a la gubernatura del Estado de México. ¿Es pronto? ¿Ya es tiempo? ¿Es bueno? ¿Es malo?

Son interrogantes que se deben responder a la luz de los nuevos tiempos. Hasta antes de Vicente Fox Quesada, la regla política no escrita era que nadie debía hacer públicas sus intenciones hasta que el “elector número uno”, Presidente de la República o gobernador en turno, decidiera y diera el sí a uno solo de los aspirantes. Eran los tiempos del “tapado”, tapado que solamente podía ser destapado por uno solo, y ese era el “jefe político”.

Fox Quesada rompió esa regla no escrita de la “grilla” mexicana cuando desde el día que ganó la elección como gobernador del estado de Guanajuato anunció que su paso por esa responsabilidad sería breve y que desde el primer día de su gestión se dedicaría en cuerpo y alma a buscar la candidatura de su partido político –Acción Nacional—hasta lograr llegar a la Presidencia de la República, lo que al tiempo logró.

El fue el primero que se “brincó las trancas” y que fundó una nueva forma de participación política en busca de cargos públicos, sobre todo de la Presidencia de la República. Detrás de él vinieron otros hasta el actual Presidente de México quien abiertamente hizo públicas sus aspiraciones desde el día en que llegó a encabezar el Gobierno de la Ciudad de México.

Otros más lo han intentado en uno y otro cargo público y han tenido que enfrentar sus consecuencias, porque en materia electoral hoy hay una regla: el que asoma la cabeza se la cortan a palos, y así lo vivió el propio Andrés Manuel López Obrador quien tuvo que pasar por un desafuero que lo único que buscaba era precisamente descarrilar sus aspiraciones, meterlo en la cárcel, y con ello anular sus derechos políticos para que no llegara a la Presidencia de la República. Lo que con el tiempo no sucedió y hoy despacha, y vive, en Palacio Nacional.

A nivel estatal hoy se viven tiempos convulsos, en los que parece haber demasiados aspirantes y poco control político sobre ellos. Pareciera que cualquiera puede organizar un desayuno y decir ante representantes de medios de comunicación: “quiero ser gobernador del Estado de México”.

El Partido Revolucionario Institucional fue hasta no hace mucho ejemplo de disciplina política y partidista. Ahí rezaba todavía la máxima de Don Fidel Velázquez Sánchez: “el que se mueve, no sale en la foto”, y se dimensionaba la necesidad de prudencia y cordura a la hora de aspirar a un cargo tan importante como una gubernatura o la Presidencia de la República.

Pero hoy parece que todo eso quedó atrás, que quien debería tener el control político del Partido Revolucionario Institucional ha decidido dar un paso atrás y dejar que cada quién ejerza sus derechos políticos con absoluta libertad y, si quiere, haga públicas sus aspiraciones.

Todavía no sabemos si detrás de esa aparente “apertura” habrá o no alguna sanción interna, de facto o de forma, pues eso lo sabremos hasta que se defina quién será la o el candidato del tricolor a la gubernatura mexiquense y si ése tuvo o no la “osadía” de destaparse por la libre.

En tanto, son por lo menos cuatro connotados (a) priistas quienes ya abrieron el telón a sus aspiraciones, unos francamente y otros de forma más velada y discreta, pero con el mismo efecto: alborotar el gallinero.

Por supuesto que todas y todos los priistas deberían tener esa posibilidad de decirle a las cosas por su nombre y no tener que vivir ocultos detrás de un escritorio o la silueta de un personaje público para decir “yo quiero”.

¿Falta tiempo? Quizá sí. Parece temprano todavía abrir esa caja de Pandora por los riesgos políticos que ello significa, y si no que les preguntes a las priistas Alejandra del Moral Vela y Ana Lilia Herrera Anzaldo lo mucho que han ejercido en su contra auténtica violencia política por su condición de mujeres y por el simple hecho de ser francas y abiertas sobre sus legítimas aspiraciones.

Y seguramente esa guerra sucia la vivirán todos los que antes o después declaren que tienen intenciones de ser candidatos a la gubernatura mexiquense, como recientemente lo hizo el expresidente municipal de Jilotepec, Ricardo Aguilar Castillo, que se abrió de capa y dijo aspirar a ese cargo.

¿Faltan otros aspirantes? Seguramente sí, porque lo único cierto es que en el grupo de aspirantes ni son todos los que están ni están todos los que son. Simplemente hay otros y otras que quizá son más prudentes o están dando oportunidad a que unos se adelanten para que sean ellas y ellos los que reciban la andanada de lodo y de fuego amigo y enemigo para tratar de minarlos.

Lo cierto es que el proceso interno del PRI en los hechos ya se abrió, y ahora se tendrá que ver a nivel partidista qué es lo que harán para resolver la principal interrogante: ¿Quién será el candidato oficial a la gubernatura del Estado de México?

La mesa está puesta, pronto llegarán más jugadores a sentarse en torno a ella para saber las reglas del juego, y, quizá lo más importante, ¿cómo le van a hacer para ponerse de acuerdo o definir el abanderado sin que el partido se ponga en riesgo, se fraccione y termine perdiendo más de lo que puede ganar con tantos aspirantes al mismo cargo.

Jueves 19 de Mayo del 2022 11:03 am