#HistoriasdeToluca La primera cárcel

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Agencia MVT / Heidi García Alcántara

En 1851, Mariano Riva Palacio, gobernador del Estado de México, ordenó la construcción de la Cárcel Central de Toluca, y lo de “central” era toda una realidad, pues para su edificación se eligió un predio que hoy prácticamente se ubica en pleno centro de nuestra ciudad.

La Cárcel Central de Toluca se ubicaría justo frente a lo que hoy es el edificio de Rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de México, en la esquina que actualmente forman las avenidas de Benito Juárez e Instituto Literario.

En el edificio donde hoy existe un centro comercial que comparte espacios con dos sucursales de cadenas trasnacionales de restaurantes, ahí se localizaba la que fue la primera cárcel de Toluca.

Es difícil creer que ahí hubo alguna vez más de mil personas privadas de su libertad, juzgados y sentenciados por todo tipo de delitos, quienes vivieron uno de los sistemas carcelarios considerados de “avanzada” para su época.

En la esquina de Juárez e Instituto Literario, donde hoy esta una firma comercial, estuvo la primer cárcel de Toluca.

A la Cárcel Central de Toluca se le recuerda principalmente por dos características: uno de los primeros mecanismos de industria penitenciaria, y el mecanismo de readaptación que buscaba que los presos hicieran un bien a la sociedad de la capital mexiquense, a través de faenas de trabajo, lo que los acercaba nuevamente a la posibilidad de ser productivos y útiles para la comunidad.

En la vieja cárcel se crearon talleres de carpintería, alfarería y panadería, en este último no solamente se producía casi de madrugada el pan necesario para alimentar a la población penitenciaria, sino que se hacían bolillos y biscochos que eran vendidos de mañana por los mismos internos a la gente, en la calle, justo frente a la entrada principal de la penitenciaría, claro, vigilados por policías.

Las personas de más edad en Toluca comentan todavía que no había mejor pan en el centro de la ciudad que el que elaboraban los presos, amasado a mano y horneado con madera, su aroma inundaba las calles como llamando a los compradores muy de mañana.

Luego del desayuno, al filo de las 09:00 de la mañana, cuentan los más viejos de Toluca que, también bajo la vigilancia de uniformados, salía de la prisión una gran columna de presos que, con escoba en mano, recorrían las principales calles de Toluca para barrer y recoger toda la basura, lo que daba una imagen urbana siempre limpia que en mucho contribuyó al apodo que durante años distinguió a esta ciudad: “Toluca la Bella”.

Desde lo que hoy es la esquina de Benito Juárez e Instituto Literario hasta la Plaza de los Mártires la ciudad quedaba libre de basura y tierra en menos de una hora que se daba a los internos para cumplir su faena, bajo la mirada siempre curiosa de quienes transitaban la zona por la mañana.

Pan de amasijo

Esa primera Cárcel Central de Toluca operó hasta el año de 1965, cuando el gobernador Juan Fernández Albarrán consideró que era un riesgo tener en pleno centro de la capital mexiquense un conjunto penitenciario de tal magnitud, por lo que se derrumbó ese inmueble y se creó un grupo de edificios con vocación comercial y de servicios.

Uno de esos edificios albergó la primera Terminal de Autobuses de Toluca, pero sobre esa central comentaremos próximamente pues también es uno de los temas más solicitados por quienes nos hacen favor de seguir.

La cárcel de Toluca tuvo otras sedes, cada vez más alejadas del centro, hasta que se crearon los distritos judiciales y, para el caso de la capital mexiquense, correspondió que los reos fueran trasladados hasta Almoloya de Juárez, en lo que hoy se conoce como la cárcel de Santiaguito.

Esta publicación se ilustra con una de las pocas fotografías que existen y dan constancia de esa histórica Cárcel Central de Toluca, donde se observa un cambio de guardia de los policías que tenían a su cargo la vigilancia de los presos.

Agradezco, como siempre, a quienes me hacen favor de sugerir temas tan apasionantes como este sobre el pasado de Toluca, sus curiosidades, edificios y otras cosas que ya forman parte de la riqueza histórica de nuestro municipio.

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