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Enfrentan migrantes prejuicios sociales y discriminación

TOLUCA, México, 4 de Abril.- Carla Monroy Ojeda, colaboradora de la revista Quivera, editada por la Facultad de Planeación Urbana y Regional de la Universidad Autónoma del Estado de México, dio a conocer que la comunidad de migrantes mexicanos en Estados Unidos asciende a 10 millones 800 mil personas, lo que representa 3 por ciento de la población total de Estados Unidos y 40 por ciento de la población estadounidense de ascendencia mexicana, misma que corresponde a 10 por ciento de la población mexicana, calculada en casi 100 millones de habitantes.\rEntre las funciones que a la vez representa una cara del fenómeno migratorio es lo que se llama “migrante-mercancía”. Esto es el resultado de un trabajo alienante en donde el trabajador en su desempeño laboral sólo se observa como un peón que dedica su quehacer a un sistema indiferente y frío. \rEl “migrante-mercancía” dentro de la sociedad capitalista es colocado en una posición social de inferioridad y sancionado con prejuicios raciales, étnicos y discriminatorios. Esta postura ideológica es justificante para que la clase dominante mantenga sus privilegios y se perpetué la condición de explotación. \rPor lo tanto, la fuerza de trabajadores mexicanos es ávidamente requerida, los anglosajones la llevan a cabo con mayores dificultades, de ahí la cita que presentó la revista Newsweek; «ningún norteamericano es capaz de soportar las condiciones en que se mantienen a los esclavos modernos». \rAl llegar el migrante ilegal al nuevo destino sin autoridad jurídica ni social y con un estigma altamente negativo, afirmó, les resulta imposible pensar, mucho menos generar algún cambio en su calidad de residentes, sometiéndose por ello a la situación adversa planteada por el mercado laboral, por lo que este “migrante-mercancía” es el factor perfecto para prevenir cualquier cambio estructural. \r“Resulta para el aparato estatal mucho más barato criminalizar la presencia de esos trabajadores migratorios, poniéndolos en el banquillo de los acusados por ilegales, exigiéndoles cada vez más trabajo por menos dinero, so pena de expulsión, que analizar sus derechos laborales y sociales”, subrayó la especialista. \rEste es el principal efecto de las leyes antimigración, que hace a los hombres más vulnerables convirtiéndolos cada vez en más deportables. Estas leyes antimigración no persiguen cerrar la puerta a la migración de esa enorme fuerza de mano de obra, sino hacerla más barata, concluyó Carla Monroy Ojeda.\r

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