Consulta popular, cifras y cuentas alegres…

El pasado domingo 10 de abril se llevó a cabo en todo el país la consulta popular sobre la revocación de mandato del Presidente de México.
Consulta popular, cifras y cuentas alegres…
El pasado domingo 10 de abril se llevó a cabo en todo el país la consulta popular sobre la revocación de mandato del Presidente de México.

Agencia MVT / Opinión / José Contreras Contreras

Abril, 12, 2022.- La buena noticia es que ya pasó la consulta popular sobre revocación de mandato al Presidente de México; la mala, es que hay tantas interpretaciones sobre la misma como interesados existan en leer los resultados que arrojó ese ejercicio que no es otra cosa que una de tantas figuras de la llamada democracia participativa.

En principio, se trataba de involucrar a los mexicanos en la toma de decisiones gubernamentales, y qué más decisión que pensar en quitar a un Presidente de la República por “pérdida de confianza”. En realidad son muy pocos los que en verdad pensaron en algún momento que podría darse el resultado que la mayoría de los ciudadanos dijeran algo así como: “ya le perdimos la confianza a Andrés Manuel López Obrador y queremos que se vaya”.

La verdad no. En términos realistas, desde el punto de vista estrictamente técnico-político se trató de una herramienta de medición sobre la vigencia de un proyecto político que, en su oportunidad, respaldaron más de 30 millones de mexicanos en las urnas. El resultado previsto –lógico—es que el Presidente de México mantiene ese nivel de respaldo, pues la estructura social que lo eligió, de media baja a súper baja, en el estrato social—no ha desaparecido; por el contrario, ese segmento de la población ha crecido a costa del encarecimiento de la vida, como resultado económico inherente a dos años de pandemia en los que se perdieron miles de empleos, y a una pauperización de un amplio sector poblacional.

Entonces, si hay más pobres y Andrés Manuel López Obrador es el “Presidente de los Pobres”, pues tiene mucha lógica pensar que ese respaldo lejos de retroceder va al alza.

Ahora bien, una buena noticia sería observar que el sistema democrático nacional va mejorando a pasos adelantados. El que quiso emitir su opinión en la consulta del domingo 10 de abril, así lo hizo, no existió limitante alguna y, por el contrario, tantas eran las facilidades para hacerlo que muchas casillas estuvieron abiertas horas sin un solo participante en la consulta. Es decir, hubo más boletas disponibles que personas que quisieran utilizarlas, por lo tanto, apertura democrática hay, y mucha.

También es bueno observar que la vilipendiada autoridad electoral mexicana se lució y con exactitud matemática presentó resultados altamente cercanos a la realidad del final del cómputo sobre la tendencia de las opiniones de quienes sí acudieron a votar, lo que quiere decir que el organismo electoral va mejorando y técnicamente avanzando, a pesar de todo lo que se diga del mismo.

A final de cuentas el resultado, aunque previsible, es quizá lo que más se debe valorar, pues hacer que el 17.9 por cientos de los ciudadanos inscritos en la Lista Nominal de Electorales participe en un ejercicio de participación democrática no es nada que deba menospreciarse, por el contrario, es algo muy sano. ¿Dónde quedó el resto de ciudadanos de esa Lista Nominal de Electores? Pues muchos ya de vacaciones, lejos de sus domicilios donde se instalaron las casillas y más interesados en relajarse y divertirse en Semana Santa que en asunto de índole política.

Ahora bien, el análisis partidista es que “fueron más los que no participaron que los que sí lo hicieron”. Esa podría ser una lectura simplistas, sobre todo si se toma en cuenta precisamente que este país nunca se ha caracterizado por la “gran” participación ciudadana en los ejercicios democráticos, ni cuando en realidad se vota por algo que a todos debería interesar, como el quién los gobernará o quién los representará en las cámaras de diputados locales.

Si en una elección de total importancia como las constitucionales con trabajos se llega a superar entre el 43 y 45 por ciento de participación, pues para un ejercicio de democracia participativa, en los cuales apenas está comenzando este país, pues lograr más del 17 por ciento parece un buen principio.

Sobre los resultados difundidos por el Instituto Nacional Electoral pues hay dos que deben destacarse: el primero, que arrasadoramente, de quienes participaron, lo hicieron a favor de la continuidad del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

El otro resultado relevante, sin lugar a dudas, es que no alcanzó la participación para que el resultado de la consulta se convierta en vinculante; es decir, que la decisión, a favor o en contra que este ejercicio arroje, no tiene ningún carácter obligatorio.

A pesar de que la abrumadora mayoría de los que participaron en la consulta se haya pronunciado porque Andrés Manuel López Obrador siga al frente de la Presidencia de la República, nada, absolutamente nada, lo obligaría a hacerlo y con ello obedecer a esa “voz popular” que se pronunció a su favor. Si quisiera irse, por cualquier razón, podría hacerlo con la mano en la cintura.

Lo que también ocurriría en sentido inverso si el resultado hubiera sido al contrario; es decir, que la mayoría de los participantes hubiera dicho que ya le “perdió la confianza” al Presidente de México y que quisieran que dejara el cargo. Tampoco nada obligaría a Andrés Manuel López Obrador a obedecer ese mandato. Se podría quedar a sus anchas y seguir sin pagar renta en el Palacio Nacional.

Es decir, a final de cuentas, cuando mucho, la consulta popular del pasado domingo 10 de abril fue una simple forma de “medir fuerzas”, de velar armas para la verdadera consulta que sí tendrá efectos reales en la vida política del país; es decir, en la que se votará para buscar remplazo a Andrés Manuel López Obrador, y para entonces, habrá pasado mucha agua por debajo del puente y habrá llovido cientos de veces; es decir, la circunstancia será otra, totalmente diferente, quién sabe si a favor o en contra de quien hoy gobierna a este país y su movimiento político, pero seguramente diferente. De eso es lo único de lo que podemos estar seguros.

Se confirma, una vez más, que en política lo único seguro es que no hay nada seguro.

 

Martes 17 de Mayo del 2022 7:02 am