Las redes sociales digitales parecen ser, cada vez más, el refugio de las frustraciones de unos y la fuente de escarnio más efectiva para otros. Confieso que hasta el momento no me he preocupado ni ocupado de verificar cómo funcionan las redes en otros países, pero sí me he dado a la tarea de confirmar que por lo menos en México, hay una tendencia cada vez mayor a iniciar juicios sumarios ya no digamos a la gente que goza de una cierta fama, sino a cualquiera que tenga la osadía de mostrar en la red de redes alguna parte de su vida que pueda ser motivo de burla.
Agencia MVT / Maria del Socorro Castañeda Díaz*
Así por ejemplo es fácil encontrar pleitos y penosas exhibiciones de las debilidades ajenas en lo que hasta hace poco más de un mes era Twitter y hoy es X, donde las peleas son el pan de cada día, sobre todo cuando se trata de enfrentamientos por temas políticos. En ese foro no se escapan ni los personajes públicos, mucho menos los comunes mortales que se dicen de todo sin limitaciones.
Pero por desgracia, del enfrentamiento directo hemos pasado a una modalidad muy incómoda que francamente pone en entredicho la presunta libertad de expresión ilimitada que se supone es lo que vuelve a Internet y por supuesto, a las redes sociales, el lugar ideal para ejercer el sacrosanto derecho a ser nosotros mismos.
Aquí el problema tiene dos extremos. Por un lado, tenemos a las personas que hacen de esos espacios digitales una especie de pasarela en la que sin ningún pudor son capaces de mostrar lo que les parece más interesante, atractivo, loable o envidiable de ellas mismas. Se trata de una compulsión que no termina de explicarse, pero que tiene que ver con lo que el investigador Sergio Roncallo, llama “espejismo ontológico«, que consiste en creer que si alguien no se está en redes sociales no existe. Hay sin embargo una fuerte inclinación a no saber o no entender cuándo es necesario desconectarse de las redes sociales y qué es prudente o no compartir en ellas. El nivel de vulnerabilidad de las personas aumenta a medida que exhiben más de su propia existencia, pero al parecer es un tema que no se comprende y hay quienes documentan cada instante de su vida, aunque en realidad muchas veces al hacerlo maquillan su realidad, la amplifican y muestran una felicidad o una belleza que están lejos de ser verdaderas.
La otra parte del problema son los usuarios de las redes sociales digitales que sencillamente no soportan, no les agrada y por lo tanto no toleran ese exhibicionismo online. Y probablemente esa es la parte más delicada del problema, porque al considerar que ciertos contenidos que se comparten no son adecuados, se dan a la tarea de ponerlos en una especie de picota digital, es decir, un equivalente moderno al castigo medieval que consistía en exhibir a los delincuentes para deshonrarlos públicamente.

Hoy, existen muchos grupos de Facebook que se han especializado en mostrar los contenidos compartidos por personas que han cometido el error de mostrar demasiado de su vida personal o de hablar excesivamente de ellas mismas. Así, por ejemplo, tenemos la página “Gente que le encanta estar mamando”, donde se pueden encontrar publicaciones que, aunque cubren el nombre del autor, muestran lo que al parecer molesta mucho a las personas que frecuentan las redes sociales de Internet. Así, por poner solo un ejemplo del tipo de contenidos que ahí se exhiben, está el siguiente texto, que reproduzco con todo y sus errores de ortografía y redacción:
“Sí… Soy barbero.. Sí.. hago negocios en internet, si, también estudio 5 diplomados, inglés, y continuo educándome como barbero y si, también hago música, tengo 4 fuentes de ingreso diferente y ayudo a las personas a generar ingresos pasivos sin pedirles ni un centavo y si… hago muchas cosas.. muchas más de las que creería poder hacer, pero así es mi vida y la verdad me encanta tal cual como es, no dependo de nadie para ser feliz, ayudo a los demás y soy mi propio jefe y tú crees que me va a importar lo que la gente opine? Deja de pensar en lo que los demás piensen de ti así nunca podrás ser feliz, mejor haz plata como yo y verás cómo el 99% tus problemas desaparecen”
Por otra parte, en el grupo “Gente que no merece que le tapen el nombre” hay publicaciones que muestran actitudes que los usuarios consideran deben ser exhibidas sin censurar a los autores. Un ejemplo es el de la solicitud de F. M., quien osó publicar (con todo y errores ortográficos): “Busco Quien Pueda Tramitar Certificado De Preparatoria Solo Para Trabajar $1,000 Chilpancingo de los Bravo, GRO Busco quien tramite certificados de preparatoria solo para trabajar y que entregue personalmente de preferencia de la preparatoria #9”.
Los anteriores y los siguientes son ejemplos de funar, un concepto o que, como explica el columnista chileno Armando Colina “en el lenguaje coloquial se usa como sinónimo de desacreditar a alguien exponiéndole al escarnio público por medio de las Redes Sociales (RRSS) o de otra forma”. Aunque el citado periodista se refiere particularmente al hecho de que se publique alguna información acusando a alguna persona de algún acto ilícito, en los últimos años la idea de funar se ha extendido a cualquier hecho que tenga que ver con mofarse o también reprochar o ridiculizar a alguien por haber publicado algo que se considera exagerado.
Una muestra más es el grupo “Cosas de Whitexicans”, donde se exhibe a “mexicanos más gringos que los gringos” y en el cual se reproducen publicaciones clasistas de personas que en Facebook deciden mostrar su capacidad de adquisición y su posición social, como en el caso de una joven mujer que al no ir al concierto de Taylor Swift escribió: “No alcancé boleto en México pero equissss, anunció fechas en Londres y mejor la veré allá en Europa con puro swiftie primermundista como yo”.
Pero quizá una de las publicaciones más invasivas que sin embargo últimamente se ha encontrado con la censura de Facebook e Instagram, es la de las páginas que publicaban las capturas de pantalla de los perfiles de Tinder, donde se podían encontrar verdaderas joyas entre los aspirantes a encontrar pareja (sobre todo casual) a través de la famosa aplicación. Los llamados “tinderazos” llegaron a estar a la orden del día, y para muestra el de una mujer que dejaba clarísimas las condiciones de su búsqueda: “No es mala onda pero sólo chicos BLANCOS, las personas con sobrepeso me desagradan. Me gusta el deporte, nada de sex casual, podemos conocernos. Sólo chicos blancooooos hahaha”.
El mundo de las redes sociales digitales es mucho más complicado de lo que parece e incluso se puede comparar con una especie de panóptico virtual. “En el caso de Facebook, sin embargo, ‘el miedo de ser observado ha sido vencido por la alegría de ser noticia’ (Bauman, 2003:32) y (hoy se vive) un ansia totalmente opuesta: la de buscar nunca volver a estar solo y con ello, evitar el anonimato, para no ser excluidos ni permanecer ignorados por una comunidad a la que se decide pertenecer voluntariamente”. Sin embargo, quiero dejar en el aire la reflexión acerca de esa necesidad de evitar la soledad, aún a costa de exhibirse para después ser cruelmente criticados. Digo solamente que es preciso estar muy atentos y tratar de educarnos para enfrentar con madurez y parsimonia las redes sociales que, como planteaba Zygmunt Bauman son, en efecto, una trampa de la que, al parecer, si no se tiene la debida prudencia, cada día es más difícil escapar.
*Doctora en Ciencias Políticas y Sociales. Profesora investigadora del Instituto de Ciencias Agropecuarias y Rurales-UAEMéx