Una vida de «Bola» en los Portales de Toluca

Conoce la historia de Antonio, un bolero que este año cumple 43 años realizando este oficio en el centro de Toluca.
Conoce la historia de Antonio, un bolero que este año cumple 43 años realizando este oficio en el centro de Toluca.

Agencia MVT/Filiberto Ramos/ miércoles 15 de mayo del 2024.- En una entrevista realizada al «Rey Chimpa», un hombre discapacitado que a diario trabaja como bolero en Los Portales, en la zona centro de la Ciudad de Toluca, nos cuenta un poco de su vida y algunas complicaciones que vive diariamente.

Antonio 43 años siendo bolero en Toluca
Foto: Filiberto Ramos

 

—No hay nada más duro, que no tener qué comer, —Responde Antonio Oviedo cuando le pregunto sobre cuántos años lleva boleando calzado.

Tiene los dedos retorcidos, igual que las piernas y su espalda. Lo veo encorvarse, casi como si fuera su postura natural, porque esa enfermedad que lleva en los huesos lo sacudió desde que era niño.

Foto: Filiberto Ramos

“No nací así, pero me dio desde niño. Y me tuve que acostumbrar”, dice Antonio, el bolero de los Portales de Toluca, al que todos conocen con el mote de “El Rey Chimpa”.

—¡Ese mi Chimpa!, —Qué hubo tú calaco. Le dice a uno y otro que pasa y lo saluda.

“Es una descalcificación de los huesos”, me responde Chimpa sobre la enfermedad que desde que era adolescente lo obligó a usar bastón y luego, con los años, muletas.

Foto: Filiberto Ramos

Sus padres nunca hallaron una cura, o no la buscaron. Por eso Antonio debió crecer y aceptar como una inquilina en su cuerpo, a lo que le cala en los huesos.

Una vida de bola que vive en el centro de Toluca

Cerca de las 9 de mañana, Antonio llega para recoger en la tienda de tenis de en frente el cajón y los demás accesorios del calzado. Montando ambos brazos en dos muletas y sus piernas cortas casi arrastrando.

“Así es a diario mi buen amigo, me vengo en el camión y me voy en los taxis colectivos”, me explica.

Su silla es la 176 y está pintada de color hueso en su base con unos almohadones en rojo terciopelo. Cómoda para los clientes, dice.

Foto: Filiberto Ramos

En la base de respaldo donde ponen sus pies los clientes, tiene un cajoncito lleno de botellones: hay tintes azules, negros, un poco de thinner para despintar, cremas y abrillantadores.

Aún más adentro de la silla de bolear están unos cepillos con dos estampitas del Niño milagroso, un Niño Dios miniatura que le regaló un nieto y otra figurita similar del Niño Divino. También una cruz de plata con la que se persigna antes de iniciar las boleadas.

“Aquí la clave es amar tu trabajo y si amas tu trabajo, amas a tu familia carnal”, subraya el Chimpa.

Durante la pandemia fueron los años más duros para los boleros, dice. Porque no había gente en los portales y debió abrir el servicio a domicilio.

“Estuve a punto de vender mi cajón, porque se me acabaron los ahorros. Todo”, recuerda.

En un buen día de trabajo, pueden llegar 20 clientes a solicitar servicio. En los peores ninguno o solo uno.

“Lo más caro que cobro son sesenta por boleada pero son servicios especiales. La boleada normal cuesta 25 pesos”, aclara.

Antonio es bolero, porque su padre, ya finado, también lo era. Solo que ahora sus hijos no siguen ese mismo hilo.

“No quieren, uno ya vendió su silla y el otro ni la usa”, reprocha Chimpa.

Aún así, el bolero hace su propia historia y hasta este año cumple 43 de bolero.

“Le he boleado zapatos a artistas, políticos, gobernadores, gente de mucho dinero y personas humildes. Yo no veo a las personas, veo sus zapatos”, explica.

Martes 26 de Mayo del 2026 6:29 am