¿Vencedores o vencidos?

Lo peligroso de no aprobar la reforma eléctrica es que los mexicanos representados por priistas, panistas, perredistas y naranjas han sido colocados como enemigos del régimen federal.
¿Vencedores o vencidos?
Lo peligroso de no aprobar la reforma eléctrica es que los mexicanos representados por priistas, panistas, perredistas y naranjas han sido colocados como enemigos del régimen federal.

Agencia MVT / Opinión / José Contreras Contreras

Abril 19, 2022.- La sesión de la Cámara de Diputados del Domingo de Resurrección no debe verse como un asunto de vencedores o vencidos, porque en realidad los vencidos fuimos todos los mexicanos, sin importar el partido político con el que se comulgue, y los vencedores, pues parece que no los hubo.

La primera lección de esta escena política es que afortunadamente en este país existen contrapesos que por lo menos nos alejan de la tentación del autoritarismo, por más que, en los hechos, se intenta una y otra vez actuar de esa forma impositiva y dura, aunque sea “a favor de los más pobres”, como se argumenta.

Otra lección relevante es lo mucho que se puede lograr si se anteponen los objetivos generales y se dejan a un lado los particulares o de grupo. Los partidos Revolucionario Institucional, Acción Nacional, de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano se pusieron de acuerdo en un solo objetivo: que no pase la reforma de López Obrador sobre la industria eléctrica, y lo consiguieron. Se esté o no de acuerdo con ello.

Un punto desfavorable de lo ocurrido en San Lázaro es que la radicalización se profundiza peligrosamente entre los mexicanos. Tal parece que ahora hay solo dos bandos, como alguna vez ya lo dijo el propio Andrés Manuel López Obrador, los que están con él y los que están “contra” él, cuando en realidad debería ser los que están a su favor y los que no lo están, pues no estar de acuerdo con su forma de pensar, sea buena o mala, no debería de convertir a ningún mexicano en enemigo automático de quien tiene la obligación de gobernar para todos, absolutamente para todos los mexicanos, no solamente los que le aplauden y los que apoyan sus propuestas.

Eso es lo verdaderamente peligroso de la no aprobación de la reforma eléctrica de López Obrador, que ahora casi la mitad de los mexicanos representados por priistas, panistas, perredistas y naranjas han sido colocados automáticamente como enemigos del actual régimen federal, lo que no debería ser, pues absolutamente todos los mexicanos tenemos derecho a no estar de acuerdo no solo con la mal llamada reforma eléctrica, sino con cualquier cosa que surja de la cabecita de algodón del titular del Ejecutivo federal, por cierto, cada vez más visceral y radicalizada.

El Presidente de México, así como el movimiento que él encabeza, que ni a partido político llega, pero que nadie le puede negar la importancia política que tiene, deberían recapitular y volver a los tiempos en que se supone trabajaban a favor de la unidad nacional, del respeto a todos los mexicanos, y de la protección de la libertad de expresión.

Hoy parece que todo aquel que se manifieste, en público o en privado, en contra de cualquier cosa que se le ocurra al actual gobierno federal, es, en automático, un “enemigo” del régimen. Y no es así. Este es un país de libertades, una nación en la que se puede estar a favor o en desacuerdo de cualquier cosa, pero que por encima de esas posiciones se debe de trabajar en unidad por los principios que nos hacen mexicanos y por aquello que más convenga a todos, no solo a un grupo, a una fracción.

En materia energética, que es la que en esencia se discutió en la Cámara de Diputados federal el domingo anterior, debe verse prioritariamente por dos objetivos: garantizar el abasto de energéticos para impulsar la actividad productiva y el desarrollo de las actividades cotidianas de todos los mexicanos, y, segundo, que la producción de esa energía sea de fuentes que dañen cada vez menos al planeta, no solamente a México, sino al mundo en general, el que estamos evidentemente destruyendo con la quema sistemática de miles de toneladas de combustóleo y otros materiales altamente contaminantes.

Sin embargo, la discusión se fue por otro lado: si debe o no concesionarse la producción a empresas, si éstas deben ser 100 por ciento mexicanas, sin importar si son capaces o no de garantizar el suministro y, quizá lo más relevante, si sus procesos de producción son o no contaminantes.

Y en esta ola política se enredaron incluso los que se dicen ecologistas, como los miembros del Partido Verde, a quienes se les olvidó cualquier principio a favor del medio ambiente con tal de verse favorecidos políticamente en un eventual bloque por el movimiento que respalda al hoy Presidente de México.

Estoy convencido que sí es necesaria una reforma energética en México, pero bajo esos dos principios fundamentales: garantizar el abasto y que las fuentes de donde se genere la energía sean lo menos contaminantes que sea posible, pues no podemos seguir dependiendo de una empresa como la Comisión Federal de Electricidad que evidentemente es incapaz de satisfacer las necesidades de todos los mexicanos, y mucho menos podemos seguir sacrificando la salud de los mexicanos para producir electricidad.

Sí es tiempo de un cambio en materia energética, pero sobre bases científicas, con el uso de nuevas tecnologías, cada vez más amigables con el ambiente, en esquemas de coparticipación que permitan la inversión privada, pero con un marco legal capaz de garantizar su limpieza, transparencia y honorabilidad, sin que esta actividad siga siendo el camino más breve y directo para amasar fortunas que tienen como origen la corrupción, como es el caso del actual titular de la CFE.

Reforma energética sí, pero con una raíz medioambiental, apartada de vendettas políticas y en beneficio de todos los mexicanos. Lo que no sea bajo esos principios no será más que verborrea política que ahondará más en la fractura social que se promueve desde el Ejecutivo federal.

Martes 17 de Mayo del 2022 10:07 pm