Sin Sentido…

Sin Sentido…

¿Y el Nobel?

 

Por: José Contreras Contreras

 

Sé que muchos se envolverán en la “bandera libertaria”, en sus entrañas rocanroleras y en todo lo que envuelve ese mágico mundo de la música contestataria. Correré el riesgo aunque la comunidad “chaira” salga y me ponga como tiro al blanco, pero creo que la Academia Sueca cometió el más grave error de su historia, y eso que ha cometido muchos.

Aclaro que admiro, respeto y me encanta la propuesta musical de Bob Dylan, nací en los fabulosos sesentas y también alguna vez pensé en “encontrar las respuestas en el viento”, como él nos lo enseñó desde principios de los setentas cuando tuve, más o menos, uso de razón.

Pero de ahí a que Dylan sea merecedor del Premio Nobel de Literatura, ahí sí no estoy de acuerdo. Como afortunadamente vivimos en un país libre, respeto y acepto a todo aquel que no esté de acuerdo con mi posición, por lo que pido reciprocidad y tolerancia para lo que aquí digo. Más simplemente me parece que vivimos hoy la “abaratada” más grande de la historia del único premio al cual hasta ayer respetaba en el mundo.

Y es que eso de los premios se presta para todo. Conozco políticos que han pagado millonadas para que organismos nacionales e incluso internacionales los coloquen de una forma u otra en la palestra, sé que no hay ningún premio apartado de la tentación y de la corrupción, y si alguien no lo cree pues que revise simplemente de qué se hizo millonario en ahora aspirante a la Presidencia de los Estados Unidos de América, Donald Trump.

Se trata de una auténtica “casa del jabonero” cuando se habla de premios y reconocimientos, porque, ahora queda claro, ninguno está exento de errores y vicios, unos involuntarios, otros causados por la pasión y las preferencias personales, y más los originados por intereses de grupo, sectarios o de quienes tienen control sobre los resultados.

Por eso a nadie debe extrañar la resolución de la Academia Sueca, otrora respetable a nivel mundial, pero que, con la decisión tomada en torno al Nobel de Literatura 2015, simplemente dejó en entredicho muchos años de tradición y certeza.

No es que Bob Dylan tenga algo malo por lo cual debería quedar al margen de tal reconocimiento mundial, es  que simplemente cada cosa debe de ir en su lugar, cada quien debe ser y merecer lo que le corresponde, de modo contrario podríamos estar mandando a los Juegos Olímpicos a nuestros mejores exponentes literarios, al cabo se trata de una competencia. “Zapatero a tus zapatos”, decían los abuelos.

Para Dylan mi reconocimiento mayor, mi admiración como músico, pero eso: como músico, porque por más que una composición musical, en el más amplio sentido de la palabra une letra y música, jamás, pero jamás, será siquiera algo similar a una pieza literaria pura.

Quien alguna vez ha intentado escribir algo más que su nombre, sabrá que eso de las letras es cosa seria, incluso, con todo respeto a mis compañeros de profesión, el periodismo jamás se igualará a la literatura, son campos distintos y como tales deben ser tratados y atendidos, incluso existen reconocimientos internacionales válidos para cada una de esas nobles actividades, y el Premio Nobel de Literatura era, al menos hasta el miércoles, específicamente para aquellos productores de literatura, no de canciones.

Sé que varios recordarán también que hace un año ese reconocimiento se otorgó a una reportera, por su valiosa cobertura informativa de la guerra de los Balcanes; sin embargo, ahí quizá cabía el pretexto de que gran parte de su trabajo periodístico se editó en un libro de memorias, las cuales, además de consternación, causaron una reflexión internacional acerca de esa sangrienta estampa histórica.

No obstante, lo acontecido ahora con Bob Dylan es cosa aparte. Escribir la letra de una canción es un acto de inspiración que para muchos ha llegado a calificarse de “divina”, y quizá lo sea, pues no todos tenemos esa gran virtud y mucho menos de escribir cosas tan sensibles como en su momento lo ha hecho el rockero estadounidense, de ahí mi respeto y admiración, además de que como hecho social y político, también Dylan tiene mucho que enseñar y nosotros mucho que aprender de él y su obra.

Pero la música es eso: música, no literatura, es una pieza para disfrutarse, para gozarse, para sentirse, para vivirse, pero no me imagino comparando un libro con las letras de Bob Dylan como una pieza cultural del arte literario. Habrá quien opine lo contrario y, reitero, estarán en su derecho de disentir, que finalmente de eso se trata la libertad de expresión.

Allá la Academia Sueca, el Fideicomiso que hace posible el Premio Nobel y todos los que están involucrados en el numerito anual de señalar supuestamente lo mejor del mundo en la ciencia y la cultura, están ellos también en su derecho de pensar y actuar distinto a lo que yo creo correcto.

Ahora que viéndolo desde un punto de vista constructivo, pues a lo mejor nos conviene que los señores suecos hayan abierto una nueva ventana de oportunidades para los mexicanos, pues cuando creíamos que ya se nos habían acabado los cartuchos para lograr un Premio Nobel, hoy podemos concluir que estábamos equivocados, pues lista de cantautores tenemos, y muy larga, por cierto.

Vamos proponiendo para el Nobel de Literatura a nuestro célebre Divo de Juárez, a Doña Paquita la del Barrio, o, ¿por qué no? al joven Espinosa Paz, que al fin y al cabo también han pegado letras y creado canciones, algunas de ellas muy bonitas, por cierto. ¿O no?

 

Domingo 26 de Junio del 2022 7:04 am