Restaurante mexicano se levanta de la adversidad por la pandemia de Covid-19

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Agencia MVT

Ocoyoacac, México a 1 de julio 2020.- Cuidan el folklore mexicano en los más mínimos detalles. Un cubrebocas multicolor y una careta de protección distinguen a cada uno de los trabajadores de El Herradero, un restaurante de comida mexicana enclavado de la zona montañosa de La Marquesa, que asumió el reto de adaptarse a la ‘nueva normalidad’ después de tres meses de permanecer cerrado por la pandemia de COVID-19. 

La careta de Roberto no puede ocultar la sonrisa y el gusto con la que abre la puerta del restaurante para recibir a los comensales, para quienes el uso de cubrebocas es indispensable para ingresar al establecimiento. 

La bienvenida la acompaña con el ofrecimiento de poco de gel para las manos, después con un termómetro digital toma la temperatura de cada uno de los clientes y cuando verifica que está en los parámetros normales les permite el ingreso y les pide aguardar en una zona en la que ven un video de las medidas que implementó el establecimiento para reducir los riesgos de contagio. 

Hasta esa zona empieza a llegar el olor del sazón mexicano que despierta aún más el apetito de los visitantes. Después de unos minutos, Roberto les da acceso hasta la barra de guisados para pedir sus platillos. Los clientes deben permanecer a detrás de una cinta y ver a través de una vitrina las más de veinte cazuelas para hacer su elección. 

“Tenemos chicharrón en chile verde, chorizo con papas, cochinita pibil, rajas con crema, carne de cerdo en chile pasilla, mole rojo, tinga de pollo, huitlacoche. ¿Qué le servimos?” pregunta Oscar, quien tiene que subir aún más el tono de voz por el cubrebocas, la careta y la distancia con los clientes. 

Mientras los comensales reciben su plato, Javier, el mesero, echa un vistazo al establecimiento para identificar la mesa que les asignará a fin de cumplir con el requerimiento de la sana distancia.  

El Herradero ya no es el mismo. Antes del 24 de marzo, el restaurante estaba abarrotado de personas que buscaban complacer al paladar. Había lugar para 350 personas pero ahora se trabaja a menos del 25 por ciento de su capacidad. Se quitaron mesas y sillas para ampliar el espacio entre una y otra. 

Jorge Alberto Mota, gerente de El Herradero, recuerda que al inicio de la pandemia de COVID-19 se plantearon tres objetivos: no despedir a ninguno de los 40 empleados, no cerrar definitivamente el negocio y prosperar pese a las condiciones adversas. A tres meses de la contingencia se trabaja por la tercera meta. 

“Fueron meses muy complicados pero no despedimos a ninguno de los empleados porque había un reserva de recurso que iba a ser empleado para abrir una nueva sucursal en el centro de Toluca, pero pese las circunstancia estamos tratando de mantenernos y cumplir con las medidas que nos indican las autoridades y lo que hemos leído de artículos científicos y lo que dice la FDA, la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos”, relata. 

Asegura que la pandemia sólo modificó un par de aspectos en los protocolos de limpieza de El Herradero porque siempre han sido muy cuidadosos de la higiene del lugar, de los insumos y la preparación de los alimentos. Entre las modificaciones está el retirar los manteles de tela, los canastos de palma para las tortillas y sustituirlos por unos plásticos y entregar servilletas de papel de manera individual a cada comensal. 

“Otro cambio significativo es que los empleados al llegar al restaurante se cambian de ropa y calzado, se les toma la temperatura corporal y se hacen un lavado de manos muy detallado. Además el cubrebocas deben cambiárselo cada dos o tres horas para mantener la higiene”, explica el gerente. 

A pesar de las adversidades por la contingencia sanitaria y la crisis económica, los integrantes de El Herradero se mantienen optimistas, consideran que esta situación llegó como una prueba pero también dejará grandes aprendizajes, sobre todo para este restaurante que se ha mantenido durante dos décadas en la zona de la Marquesa a pie de la carretera. 

La distancia entre empleados y clientes es únicamente física, porque con cada atención y gesto manifiestan la calidez que los ha distinguido. La condiciones adversas no son impedimento para que los empleados confíen en que el restaurante se pondrá de pie nuevamente porque como lo dice su principal filosofía: “El negocio de El Herradero es hacer crecer a las personas”.

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