Ponen sus esperanzas en un altar

Filiberto Ramos

 

TOLUCA, México, 4 de Abril.- Entre una jardinera que aún mantiene el letrero de “No maltratar los jardines”, los padres, madres y abuelos de los pequeños que están internados en el Hospital del Niño, en Toluca, instalaron su refugio de fe, que consiste en un pequeño tejado de lámina no mayor a un metro de largo, cuatro pilastrones de metal que lo sostienen y resguardar las fotografías, juguetes, cristos, pelotas, ramos de flores y los cientos de rezos que los familiares de los pequeños pacientes dejan a diario.

Justo frente a la entrada secundaria del hospital que da al Paseo Colón, los padres esperan por horas a que les llamen por su nombre y puedan ingresar a la visita diaria para estar cerca de su paciente

¡Eduardo Justo! Dice a tono de grito uno de los de guardias que dan el acceso, pero nadie se pone de pie para atender el llamado y se pasa a otro nombre ¡Daniel Aldama! Vuelven a gritar, y ahora sí hay alguien que se acerca; así es a diario cuenta un taxista que espera su pasaje en la entrada.

Altar 1

El altar, dicen algunos comerciantes, tiene años de ser refugio de esperanza, no hay horario para una misa, siempre y cuando haya un grupo de padres y alguien quien dirija los rezos se puede celebrar.

Alejandro Herrera dice que llegó anoche desde Valle de Bravo a traer a su hija de dos años que presentó calentura y sufre de dolor en los intestinos, no encontró otro lugar para llevarla pero cuando llegó se encontró con el altar y se dio cuenta que aquí llegan muchos casos similares, por eso se persignó y prometió dejar una veladora en cuanto tenga tiempo de despegar su preocupación de la enfermedad de su hija.

«Es muy triste todo este panorama, veo que a muchos nos aqueja la enfermedad, pero lo bueno es que a alguien se le ocurrió levantar el altarcito para tener un lugar donde llorar y donde pedir a Dios», relata con la mirada hundida el hombre.

Del techo del santuario improvisado cuelgan y bailan con el aire unas pelotas, varios adornos artificiales de flores y un cristo de resina, pero en unas semanas más dicen quienes han pasado mucho tiempo afuera del hospital, no habrá espacio para colgar los juguetes, pues ya se viene el Día del Niño y en medio del dolor se les festeja a los pequeños enfermos.

En el altar principal se dejó espacio para El Niño de la Salud, a quien más le piden por sus hijos, mientras que en los costados, por falta de espacio, se tuvo que colocar al Niño Dios y encima del tejado al Cristo.

Según la fe de quienes esperan, cada juguete, pequeño coche que se coloca, es por cada uno de los niños que está en el hospital internado.

«Cada quien su fe, hay algunos que traen muchas o ponen los santitos porque les va bien con su enfermito», menciona el vendedor de gelatinas que a diario pasa a ofrecer su mercancía.

El altar nunca ha sido robado ni vandalizado, aseguran los padres, de cierta forma hay un respeto muy interno en la conciencia por saber que es como robar a los niños enfermos del interior del nosocomio.

Como ya no hay más espacio para aguardar las largas horas de cura para los enfermos, en la misma jardinera del altar se han quedado instaladas las casas de campaña, al menos 10 formadas a lo largo del hospital, donde se duerme, come, descansa en horas de presión e incluso trabaja en labores como la costura y el bordado.

El viernes, cerca del mediodía comienzan a dar las fichas para las visitas; por ello, hay más personas que de costumbre, ya más tarde informa uno de los comerciantes que se reunirán todos para rezar frente a su santuario improvisado, pues en medio del dolor y la angustia que causa la enfermedad, más que la parte médica, es su fe y un par de rezos al Niño de la Salud, quien les da esperanza y fuerza.

Domingo 19 de Abril del 2026 9:30 pm