Agencia MVT / Libertad Trinidad
ALMOLOYA DE JUÁREZ, México, 23 de Noviembre del 2017.- Grupos de hombres en San Miguel Almoloyan, municipio de Almoloya de Juárez, se turnan para vigilar la parte lateral de la parroquia con el mismo nombre del poblado, donde hace unos días el sacerdote Serafín Carpio de Jesús inició una construcción, sin los permisos correspondientes, que derivó en la movilización de la gente, pues los restos de sus antepasados fueron extraídos con retroexcavadoras que levantaron el suelo.
Montones de tierra con huesos partidos en pedazos, tibias y cráneos que se asoman de entre los cúmulos de escombros que fueron agrupados por la maquinaria a un costado de la iglesia principal de esta comunidad, a la que acuden habitantes de al menos ocho pueblos de la región, quienes en los últimos días debían pagar hasta por agua bendita.
Al llegar a esta comunidad por la calle principal, lo primero que se observa es la casa donde habita el sacerdote, un conjunto de departamentos, además de la Iglesia principal. No está completa, detrás de la vigilancia férrea de al menos cinco o seis hombres enchamarrados, cubiertos con gorras y sombreros hay un boquete en la pared con cintas que advierten sobre la precaución que deben tener al atravesar junto a una barda casi en pedazos que fue derrumbada el lunes pasado.
“Sacaron los restos humanos, abrieron el piso, pero todo eso fue sin el consentimiento de la gente. Ni siquiera cuenta con los permisos correspondientes por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, además mintió sobre que el ayuntamiento le habría otorgado los documentos correspondientes”, dijo uno de los inconformes.
La negativa de la gente se debe a que este es un edificio considerado como patrimonio de la humanidad, era un panteón municipal donde todavía hay restos de “nuestros bisabuelos”, lo que generó el desconcierto de los habitantes.
Desde el lunes pasado el sacerdote se fue de la comunidad, de donde anteriormente ya habría sido despedido, pues en enero -aproximadamente- ya habían pedido su cambio porque los calificó de “indios ignorantes que no saben de la religión”.
La iglesia construida desde 1935, señalan los pobladores, nunca requirió cambios o modificaciones, sobre todo porque en esta ocasión se trata de la ampliación y la edificación de un túnel sólo por capricho del párroco.
“Ya estábamos hartos de sus malos tratos, pero deben saber que no vamos a dejar descuidado el lugar sino hasta que reparen el daño que generaron, nosotros no somos como ellos nos califican, de mugrosos y violentos, fuimos sumamente conscientes, porque en otro tiempo pudimos haber linchado al padre”, advierten hombres y mujeres.
Entre las demandas, señalan que es sobrino o familiar del Obispo de Toluca, Francisco Chavolla, y atribuyen al parentesco que le permita “hacer su voluntad”, pues indicaron que la primera vez que lo expulsaron del lugar, se fue a un ejido aledaño en donde quiso construir una parroquia, “pero como la gente allá no tiene dinero, lo volvieron a poner aquí, donde en un momento no sólo cobraba por todo tipo de servicio, sino en algunos casos se negaba a brindar por ejemplo los Santos Óleos, o misa por difuntos”.
Por el momento, advierten que no se van a retirar hasta que haya la denuncia correspondiente, sanciones para los responsables de estos daños al patrimonio, además del retiro del sacerdote.
