Agencia MVT/Filiberto Ramos
Allí en la plaza de San Cristóbal Huichochitlán, a la entrada del norte, donde comienza ese otro Toluca que existió antes que el centro y sus portales y los jardines estilo europeo que ahora lo adornan. Allí en esa plazuela sentadas sobre las jardineras encontré a las artesanas de palma moviendo las manos.
Apuradas en trenzar. Charlando un poco, viéndose las caras y tomando una Coca Cola para apaciguar el calor de marzo que es abrumador en el norte de Toluca en marzo.
Este viernes han vendido poco y han trenzado mucho. Lo suficiente como para adornar unas mil iglesias en esta temporada de Semana Santa 2024. Su arte es minucioso, tan pequeño como lo que mide el dedo meñique y tan grande como las ramas de los árboles.
“Aquí se teje así, pero con una coca”, ríe el grupo de mujeres cuando me ven llegar con la cámara a grabarlas.

La plazuela este viernes lució repleta. Abrieron todos los puestos que rellenaron las jardineras y el kiosko. Hay pocos clientes, reprocharon las artesanas.
“Esta tradición la hacemos cada Domingo de Ramos. Llega la palma y ahí nos juntamos todos a comprar”, explica Concepción.
La palma, es como si fuera el maíz para estas familias de San Cristóbal Huichochitlán, porque le sacan todo el provecho que pueden, le dan forma de sombrero, de figuras de cristo, rosarios, canastos y todo lo que sale de la imaginación.
“Este es un rosario. También es de palma”, explica doña Juanita. La pieza que muestra es un diminuto rosario con un Cristo que mide por mucho dos centímetros.
Su mayor vendimia es la palma decorada. La que el domingo próximo se lleva bendecir a la parroquia.
La palma llega del Palmar en el sur mexiquense. Algunos van hasta allá por el producto y otros esperan a que lleguen los bultos a la plaza para surtirse.
En el mercadito en esta Semana Santa 2024 se colocan los que venden la palma a granel, los que ofrecen laurel y los artesanos palmeros que hacen arte con las ramas aún verdes.