Lázaro Hernández López | Un fotógrafo que transformó la adversidad en una mirada única dentro de la vida universitaria
Una mirada que nació antes de la cámara
La historia de Lázaro Hernández López es, como él mismo la define, una fotografía llena de contrastes: luces intensas, sombras profundas y una constante búsqueda de significado.
Nacido en 1971 en San Mateo Otzacatipan, en Toluca, su infancia estuvo marcada por la contemplación de la naturaleza. Sin acceso temprano a la educación formal, encontró en su entorno su primera escuela visual: cielos abiertos, insectos, flores y paisajes que despertaron una sensibilidad que, años después, se convertiría en su sello distintivo.

Del campo a la ciudad: adversidad que forjó carácter
El traslado a la ciudad cambió por completo su entorno. De la libertad del campo pasó a un espacio reducido en la colonia Las Américas, donde también enfrentó discriminación escolar por su origen rural.
Las dificultades económicas y episodios de desnutrición complicaron su aprendizaje; sin embargo, lejos de detenerlo, estos retos despertaron en él una necesidad profunda de superación. La lectura y el aprendizaje autodidacta se convirtieron en herramientas clave para salir adelante.
La lucha libre: disciplina antes de la fotografía
Antes de encontrar su vocación, Lázaro incursionó en la lucha libre, influenciado por su padre. Este deporte le enseñó disciplina, resistencia y carácter.
Como réferi y posteriormente luchador, adoptó personajes como Arlequín y Virus, experiencias que fortalecieron su determinación y su capacidad para enfrentar retos, cualidades que más tarde trasladaría a su trabajo como fotógrafo.
Una cámara como punto de inflexión
La fotografía llegó a su vida por necesidad. A los 18 años, dejó sus estudios para trabajar como reportero gráfico, aun sin conocimientos técnicos.
Su primer encargo fue cubrir una gira presidencial de Carlos Salinas de Gortari, experiencia que marcó el inicio de su trayectoria. En cuestión de minutos aprendió lo básico, pero su intuición y sensibilidad le permitieron capturar imágenes significativas desde el primer momento.
Así comenzó una carrera en la que la fotografía se convirtió en lenguaje, oficio y forma de vida.
El arte de mirar más allá de la imagen
Para Lázaro, fotografiar no es solo capturar un instante, sino revelar emociones. En cada retrato busca la esencia de las personas, convencido de que “en la mirada está todo”.
Su trabajo también lo ha llevado a explorar la macrofotografía y los detalles del entorno, encontrando belleza en lo cotidiano: texturas, sombras y elementos naturales que evocan su infancia.
La UAEMéx: un universo visual inagotable
En 2001, se integró a la Universidad Autónoma del Estado de México, institución que se convirtió en su hogar profesional.
Durante 25 años, ha documentado la vida universitaria en todas sus expresiones: académicas, culturales, deportivas y sociales. Para él, la UAEMéx representa un espacio lleno de historias por contar y emociones por capturar.
Familia, esfuerzo y legado
Más allá de su trayectoria profesional, su historia también está marcada por el compromiso familiar. Como hijo mayor, asumió responsabilidades desde joven, incluso tomando decisiones difíciles para mantener la unidad entre sus hermanos.
Hoy, su mayor orgullo son sus hijos, quienes continúan su formación universitaria, reflejo del esfuerzo y la visión que ha construido a lo largo de los años.
Una vida que se cuenta en imágenes
A lo largo de su carrera, Lázaro Hernández López ha demostrado que la fotografía va más allá de la técnica: es una forma de entender la vida.
Su historia es testimonio de resiliencia, aprendizaje y pasión. Una trayectoria donde cada imagen no solo documenta un momento, sino que refleja una vida dedicada a observar, comprender y capturar la esencia de su entorno.
Como él mismo resume: “La vida vale la pena vivirse”. Una frase que sintetiza no solo su experiencia, sino también su legado dentro de la comunidad universitaria.