José Contreras Contreras
ECATEPEC, México, 14 de Febrero.- El Papa Francisco advirtió que la riqueza, la vanidad y el orgullo son hoy las tres tentaciones a las que el cristiano se enfrenta diariamente, las cuales buscan degradar y destruir la frescura del evangelio y encerrar al hombre en un círculo de destrucción y pecado.
Al oficial una misa multitudinaria en Ecatepec, Estado de México, el Obispo de Roma recordó que la Cuaresma es la gran fiesta de la paz. “Es tiempo para recuperar la alegría que nos hace sentir hijos del padre, y las vestimentas que nacen de la ternura y el amor”, dijo.
“La Cuaresma es tiempo de conversión, sueño continuamente amenazado por el padre de la mentira, aquel que busca separarnos y hundirnos en una sociedad de pocos y para pocos, dolor que nace de no sentir reconocida esa dignidad que todos llevamos dentro”, señaló el máximo jerarca de la iglesia católica ante unos 300 mil mexiquenses.
Indicó que esas tres grandes formas de tentaciones rompen la imagen que Cristo ha querido plasmar; “tres tentaciones del cristiano que intentan arruinar la verdad, que buscan degradar y degradarnos”, puntualizó.
Ataviado con la sotana púrpura que recuerda la Cuaresma, el Papa Francisco escuchó atento y luego ofreció su sermón acerca del Evangelio de las Tentaciones, donde se recuerda que el mal quiso quebrantar la fe de Jesús cuando ayunaba y oraba en el desierto, previo a su entrega en el sacrificio de la cruz.
Precisó que la primera gran tentación del hombre es la riqueza, aquella que ha sido dada para todos pero que ahora algunos atesoran para sí mismos y no para compartir con los demás. “Es el pan con sabor a dolor, amargura. En una sociedad corrupta ese es el pan que se le da de comer a los propios hijos”, dijo.
Añadió que la vanidad se refleja hoy en la búsqueda de la descalificación continua; “la búsqueda exacerbada de esos cinco minutos de fama a costa de dejar a los árboles caídos”, apuntó.
Sobre el orgullo, el papa Francisco apuntó que es ponerse en un plano de superioridad, sintiendo que no se comparte la común vida de los mortales, y que reza todos los días: “gracias te doy señor porque no me has hecho como ellos”.
Francisco invitó a los presentes en la magna misa a cuestionarse ¿hasta dónde somos conscientes de estas tentaciones en nosotros mismos? ¿Hasta dónde nos hemos habituado a pensar en la riqueza, la vanidad y el orgullo?
También aclaró que con el demonio no se dialoga; «no se puede dialogar, porque nos va a ganar siempre, solo la fuerza de Jesús es capaz de derrotarlo”.
Para concluir su homilía, el Papa Francisco estableció que Dios es misericordia, “su nombre es nuestra riqueza, fama y poder”. “Tú eres mi Dios y en ti confío”, pidió a todos repetir en tres ocasiones.
