La vacuna para Sofía, representó el impulso para seguir siendo un sustento a su familia

Agencia MVT / Aranxa Solleiro

Toluca Estado de México 11 de mayo 2021.- Las virtudes de un espacio verde en el hogar permiten que Sofía Molina salga todos los días a vender un pedacito de su tierra, aunque no siempre tiene la fortuna de encontrar un producto en grandes cantidades, cada vez que lo hace, le resulta un ingreso formidable.

“Vengo de Tlacotepec, aprovecho ahorita que puedo seguirme moviendo para vender un poco de sábila que me sale mucha en el jardín y ya no hallo qué hacer con ella. Prefiero venirme para acá porque sé que a las mujeres les llama mucho la atención, más porque no todas tienen el espacio para sembrar una penca aunque sea.” Comentó.

La sábila que consume una gran cantidad de personas citadinas, -bajo el entendido de ser altamente benéfica para la salud- la importa manos como las de Sofia, quien a un precio de 50 a 70 pesos, le permite ayudar con los gastos de su hogar, y en especial destina sus ganancias a uno de sus hijos, tras haber sido diagnosticado con diabetes, misma que cada día le perpetra más su cuerpo.

“Mire, me animé a salir porque bendito Dios ya me vacunaron, ya me siento más segura de andar en la calle, antes ni qué esperanzas que lo hiciera porque la verdad sí me daba mucho miedo, pero ahora ya no, y no es que no tenga de otra, pero así, casi a escondidas de mis hijos, me salgo rápido un ratito y al menos junto algo.” Argumentó.

Consultando portales de venta masiva en línea, las pencas o pies de aloe vera, tienen un precio que oscila entre los 170 a los 700 pesos, por lo que Sofia presenta una especie de ganga en comparación con grandes empresas distribuidoras.

Ella, de 76 años de edad, desde antes de la pandemia, se dedicaba a vender verdura y hierba en puntos estratégicos de la ciudad, no obstante, desde el primer confinamiento en marzo, dejó de hacerlo para protegerse no solo a ella, sino también a su hijo. Aunque asegura que apenas tiene un mes saliendo nuevamente a las calles, menciona que no se compara la venta que tenía anteriormente, dado que ahora apenas gana el 30% de lo que hacía.

Sin embargo, con el amor de madre que representan sus manos y sus ojos café almendrado, demuestra la resiliencia que la motiva a no dejar de esforzarse, aún a pesar de que eso la ponga en riesgo, pues no solo el virus puede afectarla, sino también la inseguridad citadina.

“Ya no salgo con la misma seguridad con la que salía antes, ahora sé que corro mucho peligro por la enfermedad (SarS-Cov-2) y porque ya estoy grande, ya no me puedo defender como antes, ahora cualquiera pasa y me roba mis pesitos que tengo o simplemente me quita mi mercancía, aunque no sea la gran cosa, ¿verdad?” Aseguró.

Para sus traslados, Sofía utiliza autobús o taxi colectivo. Regularmente le dedica a sus ventas mediodía para regresar a una hora prudente a su casa, atender sus quehaceres y estar con su familia. A pesar de que implica en un desgaste dominante para ella, no deja de sonreír a sus clientes que pasan veloces o incluso a las autoridades, de las cuales, sin expresarlo, atemoriza constantemente que la despojen de su mercancía o del sitio donde se establece.

“Como muchos que vendemos en la calle, lo hacemos por necesidad y porque al mismo tiempo, queremos hacerle bien a los demás.” Finalizó.