La noche que hizo erupción el Popocatepetl La noche que hizo erupción el Popocatepetl

La noche que hizo erupción el Popocatepetl

La noche que hizo erupción el Popocatepetl

  • Recuerdo de dos periodistas que hace 20 años realizaron la cobertura del suceso.

Agencia MVT / María del Socorro Castañeda

Toluca, México a 19 de diciembre 2020.- Cuando mi amigo Mario Vázquez me propuso escribir un poco acerca de esta anécdota “reporteril”, sin dudarlo respondí que sí. Contar nuestras andanzas de hace 20 años me resultó al inicio aparentemente sencillo. Sin embargo, las emociones se agolpan y estoy corriendo el riesgo de publicar un texto más bien cursi. No importa. Me voy a arriesgar por puro amor al arte. Eso sí, tengo que aclarar que lo que sucedió el 18 de diciembre de 2000 fue definitivamente una muestra de que “reportero sin suerte, no es reportero”.

Resulta que, en aquel año, el volcán Popocatépetl había estado particularmente inquieto. La actividad del coloso había hecho pensar a los reporteros que, probablemente, las rutas de evacuación no serían suficientes y por supuesto, que no había un plan eficiente para poner a salvo a la población.

Ante tal inquietud, el entonces secretario de Gobierno, Manuel Cadena Morales, invitó a un grupo de periodistas a realizar una gira donde, para variar, las autoridades tratarían de mostrar que estaban siempre atentas y que ni siquiera un fenómeno natural podría desbalancearlas. Así, un grupo de reporteros, corresponsales y por supuesto, reporteros gráficos, abordó, desde muy temprano, uno de esos microbuses que se utilizaban para “cubrir” las giras del entonces gobernador, Arturo Montiel.

Ya el solo hecho de subir a un transporte de ese tipo, merecería un relato aparte. Los topes y baches, cuya presencia no ha variado en los últimos 20 años, hacían que viajar en un medio así resultara toda una aventura. Las “cajitas felices” con sándwiches y refrescos le daban a las giras un aire de excursión escolar. Así, la prensa de Toluca se disponía a conocer los infalibles y sesudos súper planes del gobierno estatal, gracias a la organización de Don Hugo Villicaña, quien, al frente del área de Prensa, se encargaba del trato con los reporteros, apoyado en todo por Pepe Contreras y Ricardo Joya.

El recorrido por los municipios aledaños al volcán fue definitivamente exitoso. Casi nos convencían de que nada malo podría ocurrir y que los habitantes de la zona estarían al reparo en tiempo y forma en caso de emergencia. La gira continuó y además del recorrido, Manuel Cadena ofreció una conferencia -a la cual se unieron reporteros del Valle de México- en la que nos dio santo y seña de todas las medidas preventivas.

Luego nos invitaron a comer y emprendimos el regreso hacia Toluca. Pero la vida te da sorpresas, como dice la canción. A la altura de Chalco, escuchamos la noticia: Don Goyo se había despertado (tal vez por el gusto de vernos) y había comenzado a hacer erupción.

La decisión fue inmediata: “¡hay que regresarnos!” Ni siquiera Pepe Contreras dijo que no, al contrario, le pidió al conductor del microbús que diera marcha atrás y llegamos hasta el Paso de Cortés.

Lo que sigue es un recuerdo que ni siquiera se puede describir. Los reporteros gráficos, como mi amigo Mario Vázquez, se dieron vuelo tomando las fotos. Desde las oficinas del municipio de Amecameca con mucho trabajo pudimos hablar por teléfono. En mi caso, llamé a la oficina de “Estados” del diario La Jornada, donde recibieron mi nota, “dictada” a duras penas, porque de milagro había líneas disponibles.

Está de sobra decir que no había teléfonos inteligentes y que todo se hizo por medio del teléfono fijo, y si no mal recuerdo, probé suerte para llamar hasta en una caseta telefónica, de esas que ahora parecen más bien piezas de museo.

Escuchar al volcán retumbando, ver las luces de las rocas incandescentes, sentir de cerca la fuerza de la naturaleza, ser testigos y narradores de un hecho que sólo se había registrado con tanta intensidad 500 años atrás, fue una de las experiencias más emocionantes para muchos que, entonces, trabajábamos sin todos los recursos tecnológicos de hoy, pero con todo el corazón y las ganas de descubrir, vivir y contar los hechos.

Los periodistas somos narradores. Tenemos ojos y oídos bien abiertos y con nuestro trabajo pretendemos dar a los demás los datos que les permitan formarse un criterio sobre lo que está ocurriendo. Pero ante la naturaleza, frente a los hechos que nos quedan grandes, todo se complica, y antes de contar la historia, necesitamos asimilarla como un acto de reflexión personal.

Lo malo es que no tenemos tiempo para actos tan delicados. Los informadores necesitamos reflejos rápidos. No hay modo de interiorizar, porque estamos obligados a reaccionar para que los demás se enteren de lo que ocurre. Tal vez eso nos pasó ese día a quienes por instinto o por sentido del deber decidimos contar los hechos inmediatamente. Quizá entonces nos ganó la adrenalina y por eso ahora, 20 años después, recordamos lo ocurrido y tal vez sólo en este momento comprendemos que, más allá de lo informado, que está en las hemerotecas y hasta en los archivos de Internet, y que para muchas personas quedó en una noticia más, para nosotros fue una experiencia personal producto de la buena suerte de estar en el lugar correcto a la hora adecuada.

Ahora, 20 años después, nos queda la emoción, la sensación y la vivencia y aunque ya somos (o al menos deberíamos ser) más adultos, a lo mejor seguimos creyendo que entonces éramos felices y afortunados ejerciendo uno de los oficios más hermosos del mundo.

El recuerdo de Mario Vázquez

Han pasado 20 años, la Agencia MVT estaba a unos meses de cumplir su primer año de vida, aún no teníamos acceso a las cámaras digitales y los fotógrafos en ese entonces usábamos cámaras de película, estábamos limitados a 36 fotos por rollo y teníamos que revelar nuestros materiales.

Recuerdo que fue una gira como muchas que organizaba el Gobierno del Estado de México, la intensión era conocer el estado de las rutas de evacuación para la gente que habitaba en las comunidades cercanas al Volcán Popocatepetl, que ya registraba mucha actividad y emanaba constantes fumarolas.

Recorrimos los caminos y vimos a trabajadores arreglando el pavimento, tapando los baches y colocando señalamientos, a lo largo de la ruta había apostados policías estatales que nos dijeron estaban capacitados con el plan de acción para el caso de que el Popocatepetl registrara una erupción.

Todos los ángulos de nuestras fotos tenían como fondo el volcán y sus fumarolas.

Como explico mi amiga María por la tarde ya regresábamos a Toluca, yo tenía cierta preocupación de que no alcanzaría a revelar mi rollo y subir mis fotos a nuestro sitio de internet, sin embargo era comprensible de que los materiales de información estuvieran disponibles hasta el siguiente día; nada que ver con las nuevas tecnologías que te permiten publicar una foto de manera casi inmediata después de tomarla.

Tras escuchar en Radio Red la noticia de la erupción del volcán nos regresamos a la altura de valle de Chalco y llegamos al paraje de Paso de Cortés, desde ahí tomé algunas fotografías recargado en una barda de piedras, hoy pienso fue un milagro que un par de ellas salieran, no llevaba un tripié, ni los lentes y la película apropiada para hacer las fotos de la erupción de un volcán en la noche, pero si el gusto de improvisar. Años mas tarde pude ajustar algunas imágenes al volver a escanear la película y aplicarle ajustes básicos de edición con software reciente de fotografía.

Una de estas fue usada en el servicio internacional de noticias de la Agencia France Presse y otras en el Diario La Jornada donde colaboré por 20 años.

Lunes 06 de Diciembre del 2021 9:59 am