La historia de Antelmo, un bolero con más de 50 años de trayectoria en Toluca

Toluca, México 19 de mayo de 2021.- Las diez de la mañana se anunciaban a través de un reloj de manecillas agigantadas, a pesar de encontrarse a más de un kilómetro de distancia, se escuchan fuerte, dándole a Antelmo el incentivo de seguir y no claudicar en su día.

Aún con el fresco matutino, se encuentra valiente con una playera de manga corta, de la cual se dibujan sus brazos que emancipan un brillo fantástico, tal como el reflejo de sus zapatos boleados.

Antelmo Muciño González es el mejor bolero de la ciudad de Toluca, sus palabras apasionadas por su trabajo lo indican, pues desde los 9 años se dedica a darle brillo a los pies de los trabajadores que corren apresurados por las calles.

Hoy Antelmo tiene 60 años recién cumplidos, cuya benevolencia le otorgó la dicha de ser inoculado contra el Covid-19 a inicios del presente año, como ya varios de sus compañeros de la misma edad lo han relatado.

“Me urgía que me vacunaran, porque tengo un niño que estudia apenas la secundaría y no quiero descuidarlo, la vacuna me dio la oportunidad de regresar a trabajar. Muchos me decían que no era buena y que mejor no lo hiciera, pero yo tengo mis propias creencias y no me importo.” Inició Antelmo la conversación con un sube y baja en la brocha pintada de grasa café.

La historia del bolero Muciño, dio inicio cuando su padrastro le dejaba limpiar sus zapatos con el fin de entretenerlo y a pesar de ser una manera de castigarlo, encontró un gusto vehemente por ello, lo cual le dio la valentía suficiente para salir a las calles y limpiar ya no solo las del compañero de vida de su madre, sino el de los señores danzantes de las avenidas agigantadas y trajes sastreados.

“Fui un niño de la calle, viví ahí por mucho tiempo desde que me salí de la casa para trabajar. Lo malo fueron mis amistades, me inculcaron el gusto por el alcohol, pase los peores días de mi vida adentro de un centro de Alcohólicos Anónimos, pero por fortuna aquí estoy, el DIF (donde trabaja actualmente) ha sido muy generoso conmigo, me dio trabajo a lo que me gusta, así que no tengo otra más que ser agradecido.”

Dijo cauteloso demostrando las variantes de cepillos que conserva en su caja de herramientas que carga un mundo de colores, y que sin saberlo sus clientes, le evocan los días de su infancia cuando dibujaba con serigrafía.

En la capital mexiquense existe la Asociación Civil “Unidos para el desarrollo comunitario, boleros del Portal y zona Terminal” no obstante Antelmo, menciona que nunca tuvo la intención de pertenecer al grupo, sino de destacarse por él mismo, lo cual lo ha llevado a ser reconocido por generaciones en la ciudad y hasta ahora, acuden a él por su trabajo auténtico.

En 2020, los estragos pandémicos, convirtieron la vida de Antelmo y su hijo, -de quien se dice padre soltero- en un cataclismo, dado que tuvo que comenzar a laborar en distintos espacios como una pescadería y como vigilante en un espacio académico para tener el ingreso suficiente que soportaran la educación a distancia del menor.

“Tuve que acostumbrarme a un mundo muy distinto, ahora estuvimos obligados a contratar un servicio que nos mantuviera conectados al internet, lo hice por mi hijo, no quiero que se quede sin escuela, por eso vengo siempre con muchas ganas y gusto para trabajar, que afortunadamente cada vez va siendo más, ya no es tan bajo como al inicio del año o como el año pasado, espero que así siga.” Mencionó.

El -inaudito- Stepehen Dedalus de las novelas de Joyce, asemeja la fortaleza espiritual por la cual se sostiene Antelmo, un hombre que ha perdido todo y al mismo tiempo, ha obtenido una serie de fortunas por medio de la dicha de ser -como en su niñez- el dibujante de sonrisas en los rostros de sus clientes, tras el lustro de unos zapatos y las prisas cotidianas que los hace resaltar.