Agencia MVT / Filiberto Ramos
Allí en la catedral, los portones abrieron pronto, porque ya había feligreses que llegaban y se formaban este miércoles de ceniza. Es un silencio profundo, que pareciera una madrugada desde el cerro de la Teresona.
En el calendario católico, inició la Cuaresma, una de las fechas más simbólicas para los fieles, porque es tiempo de marcar la cruz de polvo de cenizas de santos que deja atrás los pecados.

Quizás por eso, es que desde muy temprano este miércoles hubo filas y filas para humectarse ceniza en la frente. Por la fe en una cruz de ceniza.
Con la fe por delante en el miércoles de ceniza
Veo llegar a doña Margarita con su velo morado. Devota y silenciosa. Susurra sus oraciones una vez que ya pasó con los seminaristas y le colocaron su cruz. Va sola y se hinca en lo alcochonado de las bancas. No hay algo que la perturbe, solo cuando me acerco y le pregunto si le puedo hacer fotografías.
—Es muy hermoso venir a ponerse la cruz, es nuestra fe, —Me explica.
Veo a familias enteras que llegaron con los niños y sus mochilas robustas cargadas a la espalda. Jugueteando mientras se forman y toman su turno. También muchos jóvenes, parejas que llegaron a escuchar misa con las bolsas de regalos y peluches abrazados.
Allá afuera, del otro del portón del Gran templo, es día de enamorados.
Toda la mañana ha sido así, de quienes entran y salen. Rezan y se persignan. Es el inicio de la Cuaresma.