#Crónica La tragedia de los niños mazahuas asesinados en la Cdmx #Crónica La tragedia de los niños mazahuas asesinados en la Cdmx

#Crónica La tragedia de los niños mazahuas asesinados en la Cdmx

#Crónica La tragedia de los niños mazahuas asesinados en la Cdmx

FR Informante / Filiberto Ramos

—Uno sale por necesidad, —retuerce las cuatro palabras una mujer mazahua. Le dicen doña Lola en Pueblo Nuevo. Ella replica: —aquí uno se dedica al maíz, pero nada más por el temporada, acentúa con su castellano atrabancado, porque está más acostumbrada a saludar y platicar en su lengua.

En San Antonio Pueblo Nuevo, de San José del Rincón pocas veces pasa algo que sobresalte, que obligue a dejar lo que se tenía pensando en el día.

Pero desde ayer, esa tranquilidad se alteró cuando vieron estacionarse en la casa de los García y los Silvestre un par de ambulancias.

Lo Ocurrido

Los cuerpos de Yahir y Héctor, los niños mazahuas hallados en bolsas en el Zócalo de la Ciudad de México, fueron sepultados este jueves en la comunidad de San Antonio Pueblo Nuevo en el municipio de San José del Rincón.

Los dos adolescentes, de 12 y 14 años fueron torturados, antes de ser asesinados, indicaron los reportes periciales y, ambos eran niños mazahuas que habían migrado a la capital del país desde que nacieron junto a sus padres, cuentan los habitantes de San Antonio.

«Aquí, en el pueblo mucha gente migra, porque no hay con qué comer», cuenta Dolores, la mujer de la tercera edad que hasta este jueves aún vendía el sobrante de sus flores de cempasuchil en el panteón del pueblo.

Yahir y Héctor son de la familia García y los Silvestre en Pueblo Nuevo, que es una ranchería ubicada al fondo de la zona norte del estado, donde lo único que queda es migrar, labrar el campo y atorar la pobreza a lo que se pueda.

La vida de ambos niños mazahuas no cambió en mucha al migrar a la vecindad de la calle Pensador Mexicano ubicada en el centro histórico de la gran capital, porque ahí, igual que en San Antonio, desde los ocho y nueve, lo único que hay es pobreza, o ser halcón de los «malos».

«Ellos aquí venían cada fiesta, pocas veces, no tenían dónde llegar los de mi comadre Chela», dice la mujer sentada afuera del panteón. Su comadre Chela es una de las madres de los dos niños mazahuas.

Bolsas

La muerte para ambos niños mazahuas fue con saña, porque los trozos de sus cuerpos fueron hallados en bolsas negras a bordo de un diablito, cuando un operario de la Unión Tepito los paseaba la madrugada del domingo pasado.

Yahir y Héctor, de 12 y 14 años, desaparecieron desde el 27 de octubre pero fueron reconocidos por sus familiares hasta el 3 de noviembre en el Forense. Por una casualidad, o por que Dios se apiadó de los padres y madres, reflexiona Dolores.

Los cuerpos llegaron el miércoles por la noche a Pueblo Nuevo, y ese día iniciaron los ceremoniales para el velatorio. «Los muertos siempre vuelven a donde son», dice uno de los vendedores afuera del panteón. Hoy esperan tener más venta con la caravana que despide a los dos niños.

El Pueblo

El pueblo está en un lugar recóndito, y lo parte una carretera estatal que hunde más a las rancherías de San José del Rincón.

En dos viviendas apuntaladas en lomerios, se lenvataron dos lonas amarillas, que se miran desde todos los ángulos de Pueblo Nuevo.

Allí llegaron los tíos, primos y amigos que tenían años sin saber de las familias migrantes. Sí, porque a San Antonio solo se visita en día de fiesta.

Les llevaron flores, veladoras y una docena de cuetes para echar el grito de que ya sepultarían a los dos niños. A cada uno un velorio y lágrimas por separado. Desde un lomerio a otro, de un barrio a otro y allí en Pueblo Nuevo son 12 barrios.

El panteón, la gente

«La verdad a los chamacos, no se les conocía, son muchos hermanos», dice Efraín, otro vecino que intenta vender flores en el panteón viejo de Pueblo Nuevo.

«Ahorita ya todos se sepultan aquí, en el panteón nuevo, aquí van a llegar», explica el campesino.

Efraín y doña Lola llegaron al panteon desde el día 1 de noviembre para vender flor y veladoras. Es su comercio de cada año, pero esta vez, la pandemia fue cruel con las ventas.

Afuera del cementerio es un pequeño hervidero de tianguis, donde la gente se junta, por lo menos en noviembre. Unas camionetas abren su camper y levantan lonas para ofrecer flor, veladoras y cerveza. Hoy quizás haya más venta por el sepelio de los dos niños. Doña Lola vende debajo de una de esas lonas al lado de sus nietos y unos perros decrépitos que le hacen guardia todo el día.

«Aquí la fiesta es en diciembre, pero el chingado ese pues, el virus, no dejará «, cuenta Efraín. Es el único festejo del año, comienza el 12 y se queman toritos el día 13 con música de banda y algarabía. A esa fiesta llegaban Yahir y Héctor, cuentan sus paisanos.

Los muertos

Los muertos al igual que los vivos en San Antonio, se miran igual, se conocen por igual en un pueblo tan estrecho en habitantes y tan amplio en barrios. Por eso los cuerpos de los dos niños no se quedaron en la capital. Allá les dieron un primer «Adiós», con globos blancos y mariachis, en el patio de la vecindad de Pensador Mexicano.

Pero no, no es igual que tirar cuetes y llenar de crisantemos en la tierra de origen, en Pueblo Nuevo. Despedirlos acá, es convidar con los parientes, con los que van a cavar el pozo y los que levantan la lona en el patio y las que preparan el arroz y rezan toda la noche.

Arribar al pueblo donde llegaron los cuerpos de los niños mazahuas, es asomarse a uno de los puntos más pobres del estado de México, donde la pizca de maíz y crianza de borregos, es de lo poco donde se puede buscar sustento.

Por eso migran, repite doña Lola, todos migran.

«Se van y ya no regresan, solo en las fiestas y en la muerte», añade la mujer mazahua, intercalando su castellano con el acento de su lengua materna.

La noticia de Yahir y Héctor, pareciera que zumbó con el viento en las Lomas de Pueblo Nuevo, aunque la señal de Internet todo el tiempo falla. Les caló, porque nunca en el pueblo la muerte se había ensañado tanto con dos de sus habitantes.

«Dios mío, fue feo, pero Dios sabe», repite la mujer mazahua.

Viernes 03 de Diciembre del 2021 6:34 am