Conectados y enREDados: Leo Grande y la tecnología

Esta semana en Conectados y EnREDados, María Castañeda les habla de la película Buena Suerte Leo Grande y la Tecnología
Esta semana en Conectados y EnREDados, María Castañeda les habla de la película Buena Suerte Leo Grande y la Tecnología

Casi desde sus inicios, el cine ha sido para sus creadores una manera de reflejar la realidad. Incluso con todas las licencias posibles e imaginables y a pesar de la casi infinita fantasía que vemos reflejada en la pantalla, cada filme tiene al menos una referencia clara o velada a la realidad; ahora en Conectados y enREDados hablaremos de la película Buena suerte, Leo Grande y la tecnología.

Agencia MVT / Maria del Socorro Castañeda Díaz*

«Buena suerte, Leo Grande», de 2022, dirigida por Sophie Hyde, no es la excepción. En realidad, se trata de una historia que por aludir tan directamente a la vida íntima de muchas mujeres puede resultar incómoda. Pero, además, es posible leer este audaz esfuerzo desde muchos otros ángulos, que van desde la represión que la religión ejerce y se refleja en una gris vida sexual, hasta la posibilidad, todavía escandalosa para muchos, de que sea una mujer quien contrate los servicios de un trabajador sexual, pasando por el tema del orgasmo femenino, que no es cosa menor y en ciertos momentos se convierte en el hilo conductor de la historia.

Entre todas esas posibles lecturas, resulta particularmente interesante el motivo del conflicto que se desata entre los protagonistas y sobre el cual hablaré, aunque al hacerlo quizá descubriré una parte de la historia.

Se trata del momento en que Nancy Stokes, interpretada por Emma Thompson, descubre el verdadero nombre del trabajador sexual que la está ayudando a hacer a un lado sus tabúes. Se trata de un instante muy incómodo en el cual ella confiesa haber buscado información sobre Leo Grande ni más ni menos que a partir de los datos obtenidos tras haber realizado el pago con su tarjeta de crédito.

La molestia del hombre (encarnado por Daryl Mcormak) es extrema, y parece una gran paradoja que, a pesar de haber estado desnudo frente a Nancy, su verdadero malestar radica en sentirse mucho más indefenso y al descubierto después de que ella encuentra sus datos en Internet.

La reflexión después de esta escena es inmediata, porque hace alusión a un hecho más que evidente: las huellas que dejamos en la red de redes nos ponen en una situación que no deja espacio alguno a la intimidad.

Al parecer, Internet hoy no nos permite tener secretos, y, por lo tanto, vivimos en un estado de vulnerabilidad que sin embargo aceptamos desde el momento mismo en el que autorizamos quizá inconscientemente el acceso a nuestra intimidad a las empresas cuyos servicios nos son necesarios.

Connor/Leo Grande hace un escándalo tremendo cuando siente que la red de redes lo ha desnudado más que físicamente frente a una persona que no tendría que conocer nada sobre su verdadera identidad, y este hecho podría pasar casi desapercibido si no fuera porque la mayoría de quienes hacemos un uso mínimo de la tecnología que nos da acceso a internet pasamos sin darnos cuenta por la misma situación.

Hay además otro detalle que no pasa desapercibido y es que, aunque sale de la habitación indignado y ofendido porque siente violentada su intimidad, Leo Grande, el mismo que hace creer a su familia que trabaja en una plataforma petrolera y para hacerlo se informó de los detalles de ese trabajo googleando, regresa después de un instante y se muestra ansioso y desesperado porque no encuentra su teléfono móvil.

Quizá esta es la gran contradicción que muchas personas vivimos en la cotidianidad, cuando nos vemos obligados, sobre todo al aceptar términos y condiciones para acceder a ciertos servicios. Al hacerlo, nos convertimos en sujetos cuya vida se puede volver pública en cualquier momento, y somos, incluso sin desearlo, parte de ese mundo sin privacidad, tan al estilo de 1984, la épica obra de George Orwell. Sin embargo, hemos creado una dependencia tan fuerte de los artefactos tecnológicos, que no podemos estar sin ellos y se convierten incluso en una parte importante de nuestra manera de relacionarnos con el mundo.

En el caso que nos ocupa, la reflexión queda en el aire porque, además, todo indica, aunque no queda del todo claro, que el modo de contacto entre Nancy y Leo Grande es a través de la tecnología que permite el acceso a Internet, y no obstante que la relación va adquiriendo una intimidad incluso embarazosa, termina por ser líquida, al más puro estilo de Zygmunt Bauman.

Finalmente, no deja de sorprender cómo en el filme se plantea el grado de apropiación tecnológica de una persona que, a pesar de haber crecido en un tiempo en que Internet era sólo ciencia ficción, se volvió capaz de emplearlo para, entre otras cosas, buscar pornografía que después no era capaz de ver, contratar los servicios de un trabajador sexual, relacionarse por teléfono con su hija que vive en otro país e indagar acerca del joven que logró cambiar su visión de la sexualidad. Nancy hace todo esto, pero también se da tiempo para criticar a las nuevas generaciones que, desde su punto de vista, necesitan una guerra que según ella sería autocorrectiva y terminaría con sus vicios conductuales, entre los que subraya el tiempo desperdiciado “matando soldados en la computadora”.

En realidad, uno de los puntos más interesantes y que sin embargo podrían pasar desapercibidos en la película es precisamente hasta dónde, sin importar la edad, llega la capacidad de los quienes usamos Internet para relacionarnos con el mundo y en qué medida la tecnología que tenemos al alcance como una herramienta de información y de relación puede hacer que cambiemos nuestra visión del mundo. La reflexión, sin duda, queda como una tarea pendiente para quien pueda o quiera hacerla.

*Doctora en Ciencias Políticas y Sociales. Profesora investigadora del Instituto de Ciencias Agropecuarias y Rurales-UAEMéx

Lunes 15 de Junio del 2026 7:06 am