Conectados y enREDados / La brecha digital: ¿se puede usar Internet sanamente?

La red está presente en la vida cotidiana, en cada una de esas actividades que son parte de nuestra cultura
Conectados y enREDados / La brecha digital: ¿se puede usar Internet sanamente?
La red está presente en la vida cotidiana, en cada una de esas actividades que son parte de nuestra cultura

Agencia MVT / María del Socorro Castañeda Diaz

Marzo 16, 2022.- Cuando hablamos de Internet y su cobertura, particularmente en los últimos tiempos, probablemente lo primero que viene a la mente es que, sobre todo a partir del inicio de la pandemia, más personas tienen acceso a la red de redes y se siguen sumando muchas otras que, sin duda, comienzan a poblar los espacios virtuales más variados.

La red está presente en la vida cotidiana, en cada una de esas actividades que son parte de nuestra cultura y que al parecer ya no pueden existir por sí mismas, sino que requieren el apoyo de la tecnología para ampliar sus confines.

Muchas personas despertamos con el sonido del teléfono que, por supuesto, tenemos a la mano casi desde que abrimos los ojos. Nos informamos a través de contenidos que ya no están en periódicos impresos, programas de radio o noticiarios de televisión, sino en los metamedios que los contienen. De hecho, Internet y por supuesto los dispositivos electrónicos que permiten acceder a éste son metamedios, es decir “medios digitales con nuevas propiedades, producto de la combinación de redes y herramientas de software, que otorgan amplias posibilidades tanto a productores como a consumidores de contenido, permitiendo la interacción y la colaboración entre ambos” (Campos Freire et al, 2018)[1].

La enorme diferencia en el actual modo de acceso a la información es, sin duda, la posibilidad de una interacción directa que ocurre principalmente entre los receptores, (más que entre emisores y receptores) y que en ocasiones transforma los espacios virtuales en campos de batalla donde el respeto queda en el olvido y cada quien desea imponer su punto de vista por encima del otro, un desconocido que de repente parece que se convierte en enemigo.

En las redes sociales encontramos de todo, desde chismes del mundo de la farándula hasta circo político; desde consejos gastronómicos hasta novedades tecnológicas. Todo cabe en el mundo virtual en el que, por supuesto las personas opinan de todo porque creen que saben de todo. Durante la pandemia, por ejemplo, abundaron los epidemiólogos improvisados, ahora, ante la guerra Rusia-Ucrania tenemos expertos en conflictos mundiales, no faltan los economistas, politólogos, historiadores y todo tipo de expertos de la red.

Pero en esa variada fauna que va de Facebook a Instagram pasando por Twitter y Tik tok, hay un sector que podría considerarse peligroso que se ocupa de mostrar, especialmente al comentar los contenidos, toda la intolerancia y la violencia que puede acumularse gracias a la ignorancia.

Así, las redes sociales se convierten en un catalizador de emociones que van desde la aversión hacia la gordura hasta el abierto clasismo y llevan a los usuarios a la confrontación. Evidentemente hablamos de un mundo en línea que, sin embargo, permea en la vida cotidiana porque, a fin de cuentas, ya hay solamente un hilo muy sutil que los separa muy relativamente.

Tener acceso a la red de redes no es necesariamente cerrar la brecha digital. Para utilizarlas es importante una formación previa, una preparación que todavía estamos lejos de alcanzar.

La brecha digital no es única; puede verse desde distintos ángulos, y aunque obviamente el primero de ellos es el acceso, el siguiente es el del uso y después viene la calidad de uso. En este último aspecto, es preciso reconocer que muchas de las personas que adoptan Internet como espacio de convivencia no tienen la menor idea de cómo manejar la capacidad de expresarse y la amplia libertad para hacerlo que les dan sobre todo las redes sociales.

Usar una red social no debería limitarse a saber cómo registrarse y administrar un perfil. Hay que reconocer que una buena parte de las personas que tiene la posibilidad de informarse y conocer los contenidos que esos metamedios ofrecen, carece de la mínima responsabilidad y consideración hacia los demás y suelta sin miramientos cualquier cantidad de opiniones sin fundamento e incluso insultos hacia quienes no comparten sus ideas. En pocas palabras, la brecha digital de uso marca una diferencia enorme en la calidad de las relaciones que se establecen en línea, por muy efímeras que éstas sean.

En una de sus últimas intervenciones públicas, el filósofo italiano Umberto Eco levantó ámpula al decir que “las redes sociales le dan la palabra a una legión de idiotas” (Ampudia, 2015). Desde su punto de vista, esos “idiotas” que en las redes tienen derecho a expresarse “primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios”.

El tema es bastante ríspido, sin duda, porque en primera instancia habrá quien, enarbolando la bandera de la libertad de expresión, diga que la propia naturaleza de Internet, que entre otras cosas es un derecho humano, abre para todas las personas la posibilidad de mostrar públicamente y sin tapujos las propias ideas, criticar a rajatabla y no frenarse ni siquiera como mínima muestra de un pudor que debería ser necesario.

Pero he ahí una de las muestras de que la brecha digital existe y aparece precisamente en estas circunstancias. Saber usar las redes sociales es un tema de formación, de educación y de sentido común, elementos que sin embargo no son fáciles de encontrar en el llamado “pueblo de la red”.

De esta forma, hay que subrayar que, si bien la primera manifestación de la brecha digital es el acceso y poco a poco va a continuar cerrándose, la segunda es el uso y está relacionada no solamente con la habilidad técnica para manejar cualquier aparato electrónico que permita la conexión. Si nos detenemos en ese aspecto, ya tenemos suficiente quehacer, particularmente cuando las personas, sea por una avanzada edad, por una determinada condición sociocultural o por una formación escolar precaria no tienen una gran familiaridad con las herramientas que les abren la puerta a la comunicación global.

Es evidente que no basta con proporcionar el acceso a las Tecnologías de Información y Comunicación como parte de un programa casi populista. Internet debería ser visto como una posibilidad de desarrollo humano y para ello, es fundamental poner en marcha un programa serio de alfabetización digital que permita que el uso de la libertad de expresión que parece intrínseca a la red sea adecuado y haga posible la verdadera participación comunitaria.

Umberto Eco sostenía además que “la televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad” (Ampudia, 2015)[2]. El analfabetismo informacional, que muchas veces también tiene que ver con la inmadurez del emisor del mensaje, hace que esa aparentemente ilimitada libertad de expresión se convierta en una posibilidad muy molesta para exhibir, denostar y molestar a otros usuarios.

Las redes sociales son un espacio donde es innegable que está abierta la posibilidad de herir y ofender a quien piensa diferente, y estar preparados para emplear estos medios no se debe reducir a saber conectarse a ellos.

No se trata de imponer una nueva (y falsa) moral basada en la autocensura, sino de hacer conscientes a los usuarios de que las redes sociales son un espacio de convivencia que debe aprovecharse seria y responsablemente aún en los temas más banales, porque muchas veces esos temas exhiben el nivel de discurso de la sociedad a partir de lo que las personas que los usan ponen en la mesa.

No existe un código de ética para usar las redes sociales, es verdad. Sin embargo, en la medida en que haya mayor educación entre los usuarios será posible que el empleo de estas herramientas contribuya a una mejor comunicación.

En este sentido, la alfabetización digital aparece como un concepto clave que se relaciona con un aprovechamiento genuino de las TIC y debe ir “más allá del enfoque puramente basado en destrezas e incluye una indicación explícita sobre la importancia de las computadoras y de saber utilizarlas en un contexto social. […] como una de las caras de un proceso de alfabetización más amplio: la alfabetización en información o alfabetización informacional” (Silvera, 2005)[3].

No es suficiente, para cerrar la brecha digital, que la cobertura sea tan amplia que Internet llegue a todos los rincones del territorio nacional. En realidad, esa es solamente una parte del proceso que si se lleva a cabo en algún momento permitirá aprovechar Internet como un elemento que favorezca el desarrollo.

Aprender a dialogar en Internet, particularmente a través de las redes sociales podría ser uno de los objetivos de un programa de alfabetización que dé a quienes usan la red de redes una posibilidad de intercambiar conceptos, enriquecer la propia visión del mundo y ampliar la interacción con personas con diferentes puntos de vista. Es, como siempre, una tarea ardua que al parecer ni siquiera ha sido planteada, pero es evidente la necesidad de hacerlo, con los adultos a través de programas específicos tal vez difundidos en la propia red, y quizá, entre las nuevas generaciones, que están creciendo con Internet como herramienta cotidiana, sería factible que los programas escolares incluyeran desde el inicio, programas educativos serios para lograr un acercamiento sano a la tecnología.

María del Socorros Castañeda Díaz, Candidata a Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Correo electrónico: maria.castaneda.diaz@gmail.com

Bibliografía y referencias

[1] Campos Freire Francisco, Xosé Rúas Araújo, Valentín Alejandro Martínez Fernández, Xosé López García. 2018 “Media and Metamedia Management”. En Revista de Comunicación. Vol. 17. Núm. 1. Universidad de Piura, Perú.

[2] Ampudia, Mariana. 2015 “Redes sociales dan voz a una legión de idiotas, dice Umberto Eco”. En El Economista. 12 de junio de 2015. Disponible en https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/Redes-sociales-dan-voz-a-una-legion-de-idiotas-dice-Umberto-Eco-20150611-0178.html

[3] Silvera, Claudia. 2005. “La alfabetización digital: una herramienta para alcanzar el desarrollo y la equidad en los países de América latina y el Caribe”. En ACIMED. Vol.13. Núm.1. La Habana.

Martes 17 de Mayo del 2022 5:22 am