El Mundial de 2026 llevó la actividad de apuestas deportivas en México a una escala poco habitual. El país acogió 13 partidos en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, mientras la selección nacional mantuvo la atención local durante buena parte del torneo.
La demanda, sin embargo, no apareció de la nada. El negocio online ya avanzaba con fuerza antes del primer partido. El Mundial concentró en unas semanas una captación de usuarios que, en condiciones normales, habría requerido mucho más tiempo. AIEJA señaló que algunos operadores llegaron prácticamente a duplicar su base de clientes durante el torneo y registraron jornadas con una demanda entre 30% y 40% superior a sus niveles habituales.
La expansión de las apuestas deportivas se produjo además dentro de una oferta online más amplia, en la que conviven apuestas, productos de casino, pagos móviles y mercados en tiempo real. Esa convergencia importa porque un torneo de esta magnitud no solo genera más apuestas sobre fútbol: también introduce nuevos usuarios en plataformas diseñadas para retener actividad más allá del calendario deportivo.
México destacó incluso frente a otros grandes mercados
La comparación internacional ayuda a dimensionar el fenómeno. Según datos de Optimove, el volumen de apostadores activos en América Latina se mantuvo en 153% respecto a su nivel habitual durante el Mundial. En Estados Unidos alcanzó 121% y en Europa, 136%.
La diferencia fue todavía mayor entre quienes depositaban por primera vez. En Latinoamérica, esa métrica llegó a 314% del nivel base, frente a 179% en Estados Unidos y 194% en Europa. Durante la final, la actividad de nuevos depositantes en la región pasó de 242% a 351%.
El dato relevante no es únicamente cuánto se apostó, sino quién empezó a hacerlo. El Mundial amplió la base de clientes, no solo el volumen generado por usuarios ya activos. Esa distinción será importante para medir su efecto real durante los meses posteriores.
La batalla estuvo en la adquisición y en las apuestas en vivo
Datos del sector recogidos durante el torneo muestran aumentos cercanos a 75% en nuevos usuarios que realizaron su primer depósito frente a un mes ordinario. Algunas plataformas ya registraban alrededor de 20% más clientes activos antes del inicio de la competición.
La intensidad también se desplazó hacia las apuestas en vivo. Durante determinados momentos de los partidos, incluida la pausa para hidratación, la actividad aumentó entre 60% y 150%. Algunos operadores llegaron a procesar decenas de miles de combinaciones por encuentro.
Ese comportamiento puso a prueba algo menos visible que las campañas publicitarias: la infraestructura. Procesar grandes volúmenes de cuotas, eventos y apuestas simultáneas exige sistemas capaces de actualizar información y gestionar riesgo prácticamente en tiempo real. El Mundial favoreció, por tanto, a las compañías que ya habían invertido en automatización y capacidad de procesamiento.
El teléfono cambió tanto como el calendario
Más del 63% de las apuestas se realizaron a través de canales móviles. Esa proporción revela una transformación más profunda que el efecto puntual de un campeonato.
Smartphones, métodos de pago digitales y una audiencia acostumbrada a realizar transacciones desde el teléfono han reducido la distancia entre seguir un partido y apostar sobre él. En el fútbol, donde las probabilidades cambian constantemente durante los 90 minutos, esa facilidad resulta especialmente relevante para los mercados en vivo.
Las previsiones anteriores al torneo ya apuntaban en esa dirección. Una estimación situaba el segmento mexicano de juego online en unos USD 790 millones en 2025 y cerca de USD 970 millones en 2026, con las apuestas deportivas representando más de la mitad de la actividad.
El Mundial aceleró el proceso, pero no lo originó.
El crecimiento llegó antes que la reforma regulatoria
La intensidad del verano también hizo más visibles las limitaciones del marco legal mexicano. El país recibió el mayor torneo de fútbol del mundo con una legislación de juegos cuyo origen se remonta a 1947 y con una proporción significativa de actividad online operando fuera del circuito formal, según estimaciones del sector.
A esa tensión se añadió un cambio fiscal importante. Desde enero de 2026, el IEPS aplicado al juego aumentó del 30% al 50%, mientras las autoridades reforzaron los requisitos de acceso y supervisión de sistemas financieros y de apuestas.
La incógnita posterior al Mundial no está en la demanda, que ya quedó demostrada, sino en su destino. Si los usuarios captados durante el torneo permanecen dentro de operadores supervisados, el efecto de 2026 puede prolongarse. Si una carga fiscal elevada y una regulación desactualizada favorecen canales informales u offshore, buena parte de esa actividad resultará más difícil de controlar y gravar.
El Mundial dejó una señal clara: el negocio avanzó más rápido que las reglas destinadas a gobernarlo.
Aviso de juego responsable
Las apuestas deben limitarse a mayores de edad y es importante tener presente que dicha actividad implica riesgo de pérdida de dinero. Por lo tanto, es recomendable fijar límites de presupuesto y tiempo.
