Agencia MVT / Maria del Socorro Castañeda Díaz
Pensar en invertir dos horas de vida en ver una película dedicada a la muñeca Barbie, de entrada parecería una idea banal, más bien ligada a una extraña nostalgia por la infancia o en todo caso a la influencia que los medios de comunicación, sobre todo las redes sociales digitales, están ejerciendo para promocionar esta producción que en pocos días ha logrado vestir de rosa a mucha gente y de paso recuperar los millones de dólares que en Warner Bros se invirtieron para realizarla.
Aparentemente lo que se puede esperar del filme es la superficialidad, e incluso no ha de faltar algún despistado que lleve a sus hijos creyendo que el contenido está dedicado a un público infantil, pero sin pretender spoilear a quienes tienen la paciencia de leer estas líneas y que no han visto la película, debo decir que ésta es un golpeteo a la conciencia desde los primeros minutos.
A decir verdad, de principio a fin Barbie nos regala una ráfaga de ideas muy serias que invitan a la reflexión y a la crítica hacia una sociedad en la cual a través del tiempo se han definido clara y arbitrariamente roles de género no sólo tajantes, sino muy pesados.
Conocer el origen de Barbie es importante, sobre todo para quienes nunca antes pensamos que sustituir las muñecas tradicionales que representaban bebés por la figura de una mujer adulta que podría realizar cualquier actividad, fue ciertamente un paso para, en cierta manera, contribuir a la formación de personas interesadas en un desarrollo personal que poco o nada tiene que ver con la maternidad. Y es precisamente ante este razonamiento que algunos espectadores se han desgarrado las vestiduras, sobre todo ante la escena que muestra a algunas niñas destruyendo sus muñecas-bebés, muy emocionadas ante la aparición, al más puro estilo de 2001 Odisea del espacio, de una gigantesca Barbie, como nuevo tótem para venerar.
Lo que al parecer no se ha entendido muy bien es que Barbie es ante todo una parodia y que exacerba situaciones que sin embargo no nos deberían resultar tan ajenas.
El mundo de Barbie que nos muestra la película es un lugar donde las mujeres viven dedicadas a realizar sus aspiraciones profesionales para obtener una vida independiente, ciertamente consumista y ante todo lujosa, en el cual la diversión es el pan cotidiano, aunque invariablemente la fiesta tiene que darse sólo entre chicas.
Así, los Ken no solamente son un accesorio más de las Barbies, que, por ejemplo, no se preocupan siquiera por saber dónde ellos viven o duermen. En el mundo de Barbie los varones son una figura tan secundaria que su única felicidad radica en recibir una mirada de las mujeres, y para obtenerla, hacen cualquier cantidad de tonterías e incluso tienen que enfrascarse en absurdas peleas.
Se trata, como ya lo dije, de una gran parodia que muestra el mundo al revés. No se necesita profundizar mucho para darnos cuenta de que en la realidad las reglas no escritas que se han establecido a través del tiempo han hecho que en muchos casos del mundo real, la felicidad de las mujeres depende de complacer a los hombres y son para ellos la mayoría de las posibilidades de desarrollo profesional.
Uno de los aspectos más importantes del filme es la confrontación de Barbie y Ken con el mundo real, que inicia cuando ella comienza a tomar conciencia de la muerte. Así de tajante y profunda resulta esta película que aparentemente sólo habla de muñecas. La temporalidad del ser humano y la trascendencia de las ideas son el punto de partida para una aventura que transforma profundamente el mundo perfecto de los juguetes, que se mezclan con algunas personas de carne y hueso en una dinámica muy interesante.
El momento en el cual Ken decide que deben cambiar los roles de hombres y mujeres en el mundo fantástico, no es una trama novedosa y de hecho, hay asombrosas semejanzas con la película de 2004 Las mujeres perfectas, dirigida por Frank Oz y protagonizada por Nicole Kidman. La idea de señoras exitosas que después de un lavado de cerebro deciden dedicarse exclusivamente a atender a los hombres, se repite en Barbie, y francamente hasta podríamos hablar de que se trata de una réplica de esa cinta, aunque con una mayor inversión en mercadotecnia y la genialidad de incluir como protagonista a la muñeca más famosa del mundo.
Para terminar, porque como ya expliqué es importante evitar los spoilers, no puedo sino decir que, aunque se trata de una película un poco “barroca” porque tiene muchos momentos saturados de conceptos demasiado serios, Barbie es una película que se ha convertido en un fenómeno y hay que verla, más allá de vestir de rosa y de seguir el mame de las redes, con toda la intención repensar muchas de las ideas que están marcando nuestro tiempo, y que se expresan en cada cuadro, pero sobre todo, hay que considerar particularmente el monólogo de América Ferrera, que sin duda destaca porque está apegado a una realidad que en definitiva ni hombres ni mujeres podemos negar.
Autora:
María del Socorro Castañeda Diaz: Candidata a Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM. Profesora-investigadora. Instituto de Ciencias Agropecuarias y Rurales. UAEMéx.
