Sin Sentido…

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Lecciones de democracia

 

Por: José Contreras Contreras

 

El domingo se realizó la elección extraordinaria del municipio de Chiautla, aquella que se invalidó en su etapa ordinaria del 7 de junio del 2015 porque ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación se comprobó que el candidato triunfador, Miguel Ángel Melo, había iniciado su campaña proselitista con una misa católica.

Tuvieron que pasar nueve meses desde la frustrada elección del 7 de junio para reponer el proceso, mismo que, a final de cuentas, tuvo el mismo desenlace que la elección ordinaria; es decir, el ganador en las urnas fue el mismo al que le habían anulado su primera victoria: Miguel Ángel Melo.

Para la organización y realización de la elección extraordinaria de Chiautla se tuvieron que gastar o invertir, como cada quien lo quiera ver, poco más de un millón de pesos, de acuerdo con el balance económico que en su oportunidad hizo público el consejero presidente del Instituto Electoral del Estado de México, Pedro Zamudio Godínez.

Sin embargo, como ya lo dije, el resultado fue el mismo de la elección ordinaria; es decir, el candidato propuesto por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y Partido Nueva Alianza (PANAL), Miguel Ángel Melo, ganó nuevamente y será definitivamente el próximo presidente municipal de Chiautla.

Se preguntaba mi abuela “para qué tanto brinco, estando el suelo tan parejo”. Y yo respondería que todo tuvo un objetivo muy serio de respeto a la legalidad, de hacer valer la ley en lo más amplio de sus términos, mostrar que sí hay instancias en México capaces de sancionar rudamente a quien no acate las disposiciones legales en materia electoral y, quizá, en el colmo de la realidad, se podría decir que valió la pena recordar a alguno políticos que en este país ya Don Benito Juárez dio su vida para separar lo político de lo religioso.

Sin embargo, hay quien ayer por la noche cuestionaba si había valido la pena tanto esfuerzo e inversión en materia electoral para que al final de cuentas el resultado de la elección extraordinaria fuera coincidente en todos sus términos con la elección ordinaria.

Habrá quien diga que para llegar al mismo resultado no era necesario gastar un millón de pesos y movilizar a tanta gente para repetir la elección. Quizá tengan razón, quizá no. Eso sería difícil llegar a una conclusión tan lapidaria, sería como decir que mejor se hubieran ahorrado ese recurso.

Como esto es una cuestión de opiniones, y así como respeto la de los demás me gusta que hagan lo mismo con la propia, yo prefiero pensar que sí fue bueno que anularan el resultado de la elección ordinaria y se convocara a reponer el proceso.

Si el resultado final fue el mismo: un triunfo para el PRI y sus aliados, eso no quiere decir más que, con misa o sin misa, Miguel Ángel Melo es quien cuenta con el mayor apoyo de los ciudadanos de Chiautla, y si es a él a quien quieren para que los gobierne, pues habrá de respetar su decisión.

Lo que habría que destacar de la experiencia electoral del domingo 13 de marzo en Chiautla es la voluntad que demostraron los ciudadanos para que acudiera a las urnas más del 66 por ciento de las personas inscritas en la Lista Nominal de Electores, lo cual es una cifra muy respetable, sobre todo cuando se compara con el municipio de El Centro, en Tabasco, donde también hubo elección extraordinaria, y ahí solamente fueron a votar poco más del 33 por ciento de los ciudadanos con derecho a hacerlo.

Esa debería ser la principal lección, que, más allá del resultado de una elección, lo que más tendría que preocuparnos a autoridades electorales, pero sobre todo a los ciudadanos mexicanos, es elevar esa cifra de personas interesadas en los procesos electorales y abatir esa nefasta cantidad de ausentes de las urnas.

Votar, al menos en este país, es asunto del libre albedrío de los ciudadanos; van a las urnas quienes desean hacerlo, no hay nada que los obligue y, parece, tampoco hay nada que los aliente a hacerlo. Pero creo que es parte de una responsabilidad en la que todos tendríamos que poner más atención.

Que voten solo seis de cada diez con derecho a hacerlo es algo que no debería alegrar a nadie. Tendríamos que asumir con mayor responsabilidad esta parte de nuestras obligaciones ciudadanas, porque lo único que estamos haciendo es construir un muy mal ejemplo para las nuevas generaciones.

Con ese índice de participación en los procesos electorales, ¿con qué cara le decimos a nuestros hijos que sean proactivos, que participen en su comunidad escolar, que hagan valer sus derechos, que hagan que se escuche su expresión como seres humanos?

La única educación que cuenta es la que se imparte con el ejemplo vivo, y si aspiramos a una evolución social, tendríamos que comenzar por hacer valer nuestro voto. La apatía no construye, no suma, no agrega. Mantener esa actitud adormilada, apartada y distante a la democracia, lo único que favorece es que un pequeño grupo siga tomando las decisiones que serían relevantes para la mayoría. Hacerlo es un camino sin rumbo, una verdadera actitud Sin Sentido…

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