Los cambios bruscos de temperatura nos hacen propensos a sufrir parálisis facial

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Agencia MVT / Ingrid Ahumada Mañon

TOLUCA, México, 23 de Enero del 2018.- Debido a los cambios bruscos de temperatura que se presentan durante esta temporada de frío, somos propensos a sufrir una parálisis facial; por ello, especialistas recomiendan abrigarse el rostro y realizar gesticulaciones antes de salir de lugares cerrados.

Ángel Domínguez Valencia, coordinador de servicios médicos de la Cruz Roja delegación Toluca, explicó que las parálisis faciales pueden tener varios orígenes, siendo uno de los principales factores los cambios bruscos de temperatura, ya que esto provoca que el nervio facial se lesione y con ello el músculo se contraiga.

«El hecho de que tú te encuentres en una habitación calientita y salgas a la calle o al patio de tu casa y cambie drásticamente la temperatura, lo único que hace es que se lesione una parte del nervio facial, ese nervio facial sufre una alteración en su función y va hacer que los músculos se contraigan, entonces eso va hacer que una parte de la cara o incluso toda la cara quede sin movimiento», explicó.

Argumentó que incluso niños y jóvenes pueden padecer parálisis facial; sin embargo esta se presenta con mayor frecuencia en personas mayores de 30 años, ya que -añadió- a partir de este edad se va perdiendo elasticidad en todos los músculos y tendones.

Señaló que las personas que sufren de esta reacción deben acudir inmediatamente con el médico para que puedan realizar un diagnóstico efectivo y preciso, ya que -dijo- pueden existir parálisis que sean reflejo de una enfermedad más grave, como una hemorragia o un infarto cerebral.

Subrayó que la parálisis facial puede presentarse en algunos pacientes más de una ocasión, ya que refirió puede controlarse mediante cuidados, pero no curarse, hecho por el que puntualizó la importancia de la prevención ya que en caso de presentarse en más ocasiones podrían tener mayor riesgo y el músculo no se recuperaría en su totalidad dejando secuelas irreversibles, como párpados o labios caídos.

Finalmente indicó que para prevenir es importante que las personas realicen gesticulaciones antes de salir de lugares cerrados para que los músculos se vayan relajando, así como masajear de forma circular los cachetes y utilizar bufandas que cubran oídos, nariz y boca.

Por su parte Obed Aguilar Solórzano, terapeuta físico del centro estatal de rehabilitación y educación especial (CEREE), explicó que una vez presentado el evento de parálisis, el nervio facial se puede mejorar hasta en un 80 o 90 por ciento dependiendo de la constancia del paciente con la terapia, así como el grado de la afectación y si es la primera o segunda vez que se presenta en la persona.

Precisó que las terapias consisten en masajes faciales y ejercicios a partir de el calentamiento de la zona con compresas o almohadillas de gel calientes, estos se colocan en la zona afectada para ayudar a la irrigación sanguínea y a la relajación muscular; añadió que con el fin de fortalecer la activación muscular utilizan un aparato que mediante ultrasonido emite ondas profundas que van directo al músculo y al nervio facial.

«En casa pueden hacer lo mismo con una compresa o un paño caliente, colocárselo sin que les queme la cara, de un lado sería para relajar los músculos y del otro para estimular la irrigación sanguínea, posterior a ello se realiza un mensaje de forma circular en el lado afectado, después pueden realizar frente al espejo movimientos de gesticulación», precisó.

Este padecimiento es reversible en un 90 por ciento de los casos y no deja secuelas en lado dominante de la cara, lado en el que se pueden hacer más muecas como levantar la ceja, mientras que en el lado no dominante la recuperación tarda de una semana hasta cuatro meses

Salvador Izquierdo, sufrió parálisis facial debido al cambio brusco de temperatura, el 20 de julio del año pasado salió a las 5:30 de la mañana a correr, más tarde en el desayuno noto que no podía masticar como normalmente lo hacía, no le dio importancia hasta que sintió que la saliva le salía por el costado derecho de la boca y al mirarse en el espejo se dio cuenta que su boca y su ojo derecho estaban contracturados.

«En la mañana me fui a correr y en el desayuno empecé a sentir que me mordía yo solito el cachete y después la saliva se me empezaba a salir, después ya no podía hablar bien, ya solo balbuceaba, me vi en el espejo y mi cara estaba como acalambrabrada», relató.

Comentó que en el chequeo el doctor le explicó que lo que él tenía era una parálisis facial de nivel uno, la razón había sido el cambio de temperatura que vivió cuando salió a correr sin abrigarse; por ello decidió empezar de inmediato con la terapia, misma que duró al rededor de 6 meses.

Sin embargo a un mes de haber terminado con la terapia nota las secuelas de la misma, ya que indicó en ocasiones cuando se pone nervioso o está tenso el ojo derecho le «brinca» y no puede hablar con claridad.

«El otro día me dieron un billete falso de 500 pesos y luego luego empecé a sentir como me mordí, me brincaba el ojo, no podía hablar bien, traté de calmarme y poco a poco se me quitaron los síntomas hice todo lo que los doctores me dijeron no es fácil, te desesperas, pero tienes que cuidarte», comentó.

Después de haber superado la parálisis, asegura que el acontecimiento le ayudó a valorar su cuerpo, actualmente se cuida, hace ejercicio, come sano y trata de estar tranquilo, pues sabe que en caso de una segunda parálisis no podría recuperar al 100 por ciento la movilidad del músculo en su cara.

«Realmente uno se da cuenta de que es cada parte de su cuerpo, lo valora, yo por ejemplo no podía comer bien, tenía que comer puros líquidos, no podía hablar sólo balbuceaba que desesperante fue, llegas al punto que te da miedo pensar me voy a quedar así, no voy a volver a hablar», finalizó.

Ante la tensión que sufre la persona qué pasa por esta situación, el Psicólogo David Medina, explicó que el tratamiento psicológico profundiza en los hechos previos, durante y posteriores al incidente, ya que en ocasiones pueden representar emociones contenidas.

«Hay una frase que dice lo que no grita la boca lo grita el cuerpo, entonces esta parte de contenido emocional tiene que ver con la parálisis facial, he atendido a gente que llega con este problema y resulta que eran enojos contenidos», especificó.

La parálisis facial aumenta por igual a mujeres y hombres, aunque las mujeres son más vulnerables en la etapa de gestación.
Argumentó que a veces más que un tratamiento médico, las personas necesitarían uno psicológico, pues este les ayudaría a comprender la razón no sólo de la parálisis, sino sus propias emociones, añadió que en la terapia les muestran formas de calmar el estrés o el enojo para evitar una siguiente parálisis.

Finalmente, refirió que la mayoría de los pacientes que han sufrido de este problema tienen consecuencias psicológicas en el aspecto físico, pues les preocupa como los mira la gente, al grado que utilizan lentes o cubre bocas por sentir que su boca u ojos se ven como cuando no tenían la parálisis.

Ambiente invernal denota depresión, irritabilidad y ansiedad que puede provocar una parálisis.

Agencia MVT / José Contreras

“Existe una relación directa entre la falta de luminosidad y el frío del invierno y los casos de depresión, irritabilidad y ansiedad que, en casos extremos, llevan a trastornos como parálisis facial o de miembros.”

Rafael Ortega y Ruiz de Chávez, Psiquiatra de la clínica regional Toluca del Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (Issemym), explicó que en el invierno, la falta de luminosidad y las bajas temperaturas afectan el estado de ánimo de las personas y desencadenan trastornos neurológicos como el estrés, la depresión o la ansiedad.

Refirió que existe predisposición de personas que ya enfrentan niveles considerables de ansiedad, estrés o depresión, y en el invierno, con temperaturas bajas y poca luz solar, estas situaciones se desencadenan con mayor frecuencia, por lo que quien lo padece debe recurrir a un tratamiento especializado que le ayude a enfrentar tales circunstancias.

A esta situación se le conoce como trastornos afectivos estacionales y se refieren a los cambios en el estado anímico que se relacionan con una determinada época del año.

“En invierno es cuando estas alteraciones en el ánimo se dan con mayor asiduidad. Durante los meses de invierno, los días se acortan, oscurece antes, hace mal tiempo. El frío y la escasez de luz influyen en el estado de ánimo de muchas personas. Si esta situación de desánimo y abatimiento se prolonga durante más de dos semanas nos encontramos ante un trastorno afectivo estacional, y si se da en invierno, se le conoce como depresión invernal”, explicó la psicóloga Rosa María Montero Ávila.

El trastorno afectivo (depresiones leves hasta de grado medio) es una de las enfermedades más habituales.

Especialmente conocida es la depresión invernal, que se presenta durante los meses de otoño e invierno. Hay muchos síntomas que ponen de manifiesto estos trastornos afectivos.

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