La verdad sobre La Candelaria, el niño Dios, tamales y champurrado

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Agencia MVT / Ingrid Ahumada Mañón

TOLUCA, México, 2 de Febrero del 2018.- La falta de una correcta evangelización conlleva a una devoción no consciente, aseguró Gerson Solís, misionero Marista desde hace 19 años, quien pidió a devotos comprender los simbolismos que conllevan las celebraciones y no hacerlo por costumbre.

Explicó el origen de la celebración del 2 de febrero, Día de la Candelaria, y relató que esta es una virgen española de la isla Lanzarote, que tiene similitudes con la historia de la virgen de Guadalupe, misma que obtuvo el nombre debido a que la virgen se apareció con una vela, artefacto conocido en España como candela.

“Esta imagen se apareció a dos indios que iban caminando, y por su educación no podían hablar con mujeres solas, entonces le empezaron a hacer señas para que se quitara porque traían ganado, cuando se acercaron vieron que parecía una mujer, pero que no estaba viva, entonces al percatarse que era una imagen la llevaron con el rey y el rey la bautizó como La Extranjera, porque no sabían quién era ni estaban evangelizados, pero reconocieron que era alguien importante y la pusieron en una cueva que empiezan a llamar La Cueva de La Extranjera”, profundizó.

Argumentó que años más tarde llegó la evangelización a la isla Lanzarote, cambiando el nombre de La Extranjera por la interpretación de la madre de dios, suceso con el que dio inicio la devoción a la Virgen de La Candelaria.

Sin embrago, indicó que el motivo por el que el día de la Candelaria se lleva a bendecir al niño Dios, es que la iglesia católica sostiene que Dios es primero y luego su madre.

“Se llevan imágenes del niño Dios a bendecir recordando la presentación de Jesús al templo, como lo dice la Biblia en el evangelio de San Lucas, en el capítulo dos, esto ocurre a los 40 días de que Jesús nació, porque para los judíos cuando un varón nacía tenía que ser presentado 40 días con la mamá, es la famosa cuarentena”, precisó.

Añadió que la costumbre de tener padrinos que vistan a la imagen es latinoamericana, ya que “somos dados a establecer lazos de amistad profundos a través del compadrazgo”.

Celebró que los sacerdotes pidan a las personas no vestir al niño Dios de santos, ya que -argumentó- “Dios es más grande que sus santos”, cuestión por la que indicó que lo mejor sería vestirlo de blanco, porque simboliza pureza.

“En la Ciudad de México hay una parroquia por la zona de Tacuba, en la parroquia de San Gabriel Arcángel, donde tienen una imagen del niño Dios sentado en una silla, el problema es que cuando hay un mundial de fútbol la gente lo viste y le pone el uniforme de la selección mexicana y eso es una aberración, eso es religiosidad popular mal encaminada, mal evangelizada”, polemizó.

Respecto al tradicional pago de tamales y atole, declaró que éste se debe a que ambos elementos fueron utilizados por los primeros evangelizadores en México, para explicar a los indígenas por qué el cuerpo y la sangre de Cristo son las cosas más “deliciosas” que las que están aquí en la tierra, usando al tamal para simbolizar el cuerpo de Cristo y el champurrado su sangre.

“Para llegar a lo más rico del tamal hay que llegar en medio, exactamente igual el cuerpo de Cristo, por fuera parece normal, pero lo delicioso para el alma viene cuando entra en ti, por eso simboliza el cuerpo de Cristo, y el champurrado fue que los indígenas ofrecían a sus deidades chocolate con agua, cuando llegan los españoles a evangelizar le ponen leche, convirtiéndose en champurrado, y cuando lo prueban los indígenas mencionan que el sabor es más rico, ejemplificando que la sangre de Cristo es más rica que toda bebida”, remarcó.

Finalmente pidió a los creyentes recordar que el niño Dios es una imagen, y que la doctrina católica siempre ha dicho a nivel mundial que las imágenes por sí solas no tienen poder alguno. “El único que es capaz de dar milagros es Dios”, enfatizó.

“El niño Dios es una representación de la mayor bendición que hemos recibido en los seres humanos a través de toda la historia: que Dios mismo se digne a nacer entre nosotros; tener una imagen del niño Dios nos hace recordar la ternura con que Dios ha tratado a su pueblo hasta el día de hoy”, finalizó.

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