#HistoriasdeToluca El Cerro de la Serpiente

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Agencia MVT / Heidi García Alcántara

Antes que otra cosa deseo agradecer a quienes han hecho el favor de seguirme hasta este perfil donde seguiremos escribiendo acerca de las raíces históricas de Toluca, sus costumbres y tradiciones. Quienes ya conocen acerca de estas publicaciones, síganlas disfrutando, y quienes son nuevos por aquí, deseo que les guste, comenten y compartan.

Cuando escribí acerca del nacimiento de Ciudad Universitaria, alguien me comentó algunos datos interesantes sobre el Cerro de Coatepec que hoy me gustaría comunicar con todos los que me hacen favor de leer y compartir estas publicaciones sobre el ayer y hoy de #TolucaCapital

La primera observación que me hicieron es que el Cerro de Coatepec no siempre fue un campus universitario, y por supuesto que no, ese cerro cuyo nombre se deriva del náhuatl y quiere decir Cerro de la Serpiente o Cerro de las Serpientes tiene una historia propia.

Coatepec forma parte del eje volcánico del Xinantécatl, es decir, los científicos aseguran que su formación rocosa es de tipo ígneo, con piedras que se acumularon junto con ríos de lava hace millones de años cuando el Nevado de Toluca estuvo en actividad.

Una vez que se enfriaron esas rocas y la lava le dio consistencia Coatepec desarrolló un ecosistema propio, gracias a la temperatura fría-húmeda de la región el cerro se llenó de vegetación y fauna.

Relatos de toluqueños cuya infancia tuvo brillo entre 1930 y 1940 platican que “había árboles frutales, especialmente capulines de gran tamaño y tejocotes, que precisamente en noviembre y diciembre se llenaban de frutos que los chamacos subían a cortar para llenar las piñatas o para hacer en conserva”.

Coatepec, como su nombre náhuatl lo describe, estaba lleno de serpientes de diversos colores y tamaños, que compartían el hábitat con roedores de diferentes tamaños, desde ratas de campo hasta cacomiztles e incluso mamíferos medianos como las ardillas y zorrillos.

Como muchos sitios de nuestra querida Toluca, Coatepec también tiene sus mitos y leyendas, y a reserva de que me compartan otras, les comentaré una que en lo particular me gustó mucho porque da cuenta de las tradiciones de nuestra amada tierra y de los valores de su gente.

“Un arriero que llevaba y traía mercancías hasta Toluca un día decidió cortar camino por el Cerro de Coatepec pues su mula, cargada hasta las cintas, ya ansiaba agua y descanso tras la intensa jornada. A paso lento pero sostenido subieron el cerro y, cuando bajaban del lado contrario, le falló el paso a la mula y se despencó con todo y el hombre hasta caer al barranco”.

Nadie sabe cuánto tiempo pasó inconsciente, pero cuando despertó ya no había luz, y tan golpeado como estaba, con mucho trabajo se incorporó a buscar a su animal de carga, el cual encontró aparentemente con una pata rota, por lo que no se podía levantar.

Desconsolado, creyó que no había otro remedio más que sacrificar a la mula, lo que haría con un machete que llevaba en el cinto; sin embargo, cuando se preparaba a dar el golpe mortal, fue interrumpido por una gran serpiente, de ojos brillantes como el fuego, quien le dijo con voz queda pero profunda: ¿matarás a quien tantas leguas te ha acompañado, a quien tantas veces ayudó para que comieran tú y tu familia, matarás a quien ha sido tu mejor compañera en la vida?

Con voz entrecortada y visiblemente consternado, el hombre miró a los brillantes ojos del mágico ser y le dio: yo no quiero matarla, pero sufre, y sin una pata de nada servirá ya para llevar la carga.

Matar nunca será pago para quien te ha servido con fidelidad. Sacrifícate tú, si bebes un poco de mi veneno, yo me encargaré de sanar la pata de la mula, le dijo la serpiente de Coatepec.

Sin dudarlo, pensando en lo fiel que la mula le había sido por años, le dijo el hombre a la serpiente que sí bebería de su veneno, siempre que ella curara del animal, pues prefería que la mula se salvara en tan dramática circunstancia.

La serpiente de Coatepec mordió el guaje en el que el arriero guardaba agua, y éste la ingirió hasta acabarla, por lo que cayó en trance mortal.

Mientras perdía el aliento, recordó muchas de las travesías vividas junto su querida mula. Luego, el hombre abrió los ojos y miró a su alrededor. La mula estaba de pie, a su lado, como invitándolo a seguir el camino y juntos en la lucha diaria por el sostén de la familia.

Él se incorporó, la abrazó del cuello, lloró arrepentido de haber estado a nada de sacrificarla, y se prometió que no habría mayor fidelidad que la que él tendría para su compañera de labor, siempre dispuesta al trabajo desmedido, sin queja ni protesta.

El arriero y la mula vivieron muchos años juntos y aventuras comunes, y cuando el hombre falleció la mula lo hizo igual, a su lado, contentos de llegar juntos al final del camino.

Espero que el relato sobre la sabia serpiente les guste, que la lección de vida y fidelidad la llevemos todos muy presente.

Por favor ayúdenme a que muchas personas se enteren de este pequeño pedazo de la tradición oral de nuestro pueblo y sígueme en mi perfil de Facebook https://www.facebook.com/pg/Heidi-Garc%C3%ADa-Tercera-Regidora-101083081379469.

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