Da la bienvenida a sus muertos en el cementerio

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Filiberto Ramos

 

TOLUCA, México, 2 de Nov.- Al caer la noche los peregrinos comenzaron a abultarse en las estrechas entradas del Panteón de la Soledad, en Santa Ana Tlapaltitlán, unos cargados con velas, otros leña sobre la espalda para la fogata que les alumbra hasta el amanecer, y algunos más con sillas sobre la espalda, flores de terciopelo, nube y amarilla entre la manos para festejar la Noche de Muertos.

El panteón casi cumple un siglo pero aún tiene espacio, y si no las familias le buscan, cada tumba tiene su dueño, solo una que otra que está perdida se queda sin flores en un rincón del panteón, pero las familias son solidarias con los visitantes del otro mundo y comparten un pedazo de cirio, una tasa con pulque y un poco de pan.

Daniel García, a sus 70 años, es quien encabeza la velación en su familia, dice que hace tres años tuvo que sepultar en la tumba que ahora custodia, a su esposa Sara, con ella duró 50 años casado y cree que su espíritu regresa cada día primero de noviembre.

«Aquí está mi esposa y mi suegro y mi suegra, vengo con mis hijas, nos tomamos un café y de a ratos prendemos las ceras que se apagan», compartió el señor García.

En torno de lapidas frías que se calientan tras el paso de las horas con el fuego de las velas las familias de Santa Ana poco a poco se reúnen, los padres les hablan alguna historia a sus hijos del abuelo que falleció antes de que él naciera y así dejan que pase la noche y madrugada.

Después de las diez de la noche, en la entrada principal del panteón, desfila una peregrinación que llega hasta la capilla central donde se celebra una misa y al terminar las familias regresan a su reunión en su tumba.

Paula Avilés, otra de las asistentes a la velación, relató que es muy cierto el dicho de que los difuntos llegan a comer, beber e incluso fumar lo que se les pone en la ofrenda que se coloca en las tumbas.

«Pues muchos no creen, pero a mi si me ha tocado escuchar que mis papás regresan, yo los escucho cuando abren la puerta y se sientan a comer el mole y la fruta que les pongo», dijo la mujer de 65 años.

La velación del panteón la Soledad en Santa Ana Tlapaltitlán es muestra de lo encarnado de la creencia que se tiene sobre la fiesta del Día de Muertos, y aunque pasen décadas esta tradición continúa reuniendo a las familias en torno a un bulto de tierra que recuerda a la muerte a manera de fiesta.

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